La Mirada Zurda

Mario Worlungad

Leer a Nietzsche en mitad de una calle llena de personas es una experiencia cautivadora, con sabor a proyecto de libertad

Llevo varias semanas intentando encontrar a Mario pero creo que ya es imposible. Hace poco, paseando, me encontré con un vagabundo que me sorprendió. Sentado en la calle portaba entre sus manos un libro de Nietzsche y por lo que pude percibir estaba muy enfrascado en la lectura. Me atreví a observarlo y encontré un hombre de mediana edad junto una mochila donde no había demasiadas pertenencias, apenas un poco de ropa y comida, una manta, algunos zapatos, y un cartón donde se podía leer: "necesito ayuda".

No daba la impresión de estar perdido sino tan solo que ambicionar un poco de silencio: uno buscado a posta para detenerse en una calle céntrica y osar leer a Nietzsche en mitad del bullicio. Tanto pudo mi curiosidad que me acerqué con una moneda para mediar algún tipo de contacto. «Buenas noches» -Le dije-. «Aquí tiene una moneda» -Afortunadamente dije moneda y no monedilla como suele decirse en este terruño-. «Muchas gracias» -Respondió en un español pobre y con mucho acento alemán-.

A partir de ahí me atreví a preguntarle por su nombre y si podría ayudarle pero, tras decir el nombre con el que he titulado este artículo, dijo que no y añadió un gracias rotundo casi con sabor a despedida. Puede que por eso se levantara y se marchara dejando una extraña sensación a su alrededor.

Llevaba el libro de Nietzsche en sus manos y de vez en cuando lo ojeaba. No tuve bastante y le seguí por algunas calles; casi me consideré un detective privado. Me pareció ver otro libro en un lateral de su mochila donde se entreveía la palabra Diógenes. Y rápidamente recordé que en la facultad establecí una relación entre ambos pensadores.

No obstante en ese momento se montó en el autobús y desapareció. Me quedé con un extraño sabor en la boca. Saber que había un sin techo leyendo a Nietzsche era algo cautivador porque demostraba que la filosofía servía para algo; tal vez para dar serenidad a la opulencia de un presente adverso. El caso es que llevo semanas pasando por la misma calle y ya no lo he visto.

Y lamento no haber podido hablar más. ¿Qué puede aportarle Nietzsche a su vida? - Me pregunto-. Quizás el sentido que ese hombre buscaba tenga que ver con la existencia como proyecto de libertad, uno lleno de fuerza e ilusión desde la voluntad. Al menos eso lo hubiera gustado a Nietzsche que le supusiera. Espero verlo un día de estos y preguntárselo. ¿Quién sabe?

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