La tapia con sifón

Mazpanes y mazapanes

Para los que se quedaron a dos velas, corre el rumor de que el periódico está pensando en una segunda edición

Ayer regaló este Diario el libro "103 recetas para una capitalidad" (un plato por cada municipio almeriense) obra del chef Antonio Carmona, el fotógrafo Juan José Pascual y el arriba firmante. No lo digo por promocionarlo porque que se agotó a las pocas horas de salir a los quiscos. Para los que se quedaron a dos velas, corre el rumor de que el periódico está pensando en una segunda edición. Pero tampoco lo digo por eso; es prematuro y ya se sabe que muchos proyectos se quedan en el disco duro. Lo digo porque en este libro aparecen dulces tradicionales almerienses propios para estas fechas, mucho más saludables que los industriales y casi siempre fáciles de hacer. Es el caso del alfajor de miel de Los Vélez que, aunque es de toda la comarca, en el libro se lo he adjudicado a María porque la Panadería Cari lo bordaba. Todavía están a tiempo de hacerlo para esta Navidad: 500 g de miel, 250 de almendra tostada y picada, 200 g de crespillo (masa de pan sin levadura muy fina, horneada y molida una vez fría), 1 cucharadita de matalahúva tostada, ralladuras de limón y de naranja y un poco de canela (o media copa de anís seco). Se cuece la miel a fuego lento hasta que suba tres veces, se aparta y se le mezcla todo lo demás. Se pone la mezcla templada entre dos obleas y se deja secar.

Más sencillo aún es el que se hacía en estas fechas en la capital, en las pastelerías y en muchos hogares: mitad azúcar y mitad almendra tostada y molida, canela y ralladura de limón. Se amasa muy bien y se pone entre obleas. Se deja secar con peso encima (yo usaba varios tomos de la Espasa). Las obleas las comprábamos en Las Claras. Llevo años sin hacerlo por puñetera comodidad, pero voy a volver al tajo, porque el otro día compré unos mazapanes y además de azúcar y almendra llevan jarabe de glucosa, fécula, agua, conservante E202, sacarina; un emulgente y dos gasificantes. La marca es La Logroñesa de Montoro (Córdoba), pero no quiero criticarlos en exceso, porque es lo que llevan, más o menos, la inmensa mayoría de mazapanes industriales. Aparte de los caseros, que ya digo que los voy a recuperar, añoro los que vendían en El Portal del Paseo hasta hace unos treinta años. Eran también de almendra y azúcar exclusivamente, pero horneados. Eran fantásticos. Hubo Navidades de zamparnos tres kilos.

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