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Memoria

Lo que sucedió hace un año en Cataluña fue una alegre yincana, un juego de rol, un 'happening' de teatro experimental

La memoria es un proceso misterioso. Recordamos algunas cosas -un gato tumbado al sol, el color de una nube-, y sin embargo olvidamos por completo otras cosas que deberían ser mucho más importantes para nosotros. Ni siquiera los científicos saben cómo funciona la memoria -por qué se activa de golpe, o por qué desaparece dramáticamente con el alzhéimer-, pero nuestros políticos, con singular desenvoltura, se atreven a hablar de una Memoria Histórica, o peor aún, de una Memoria Democrática, como si la memoria pudiera regularse como se regula la actividad de los clubes de petanca.

Sí, qué rara es la memoria. Ahora mismo, por ejemplo, estamos asistiendo a un caso muy curioso. Todos recordamos lo que ocurrió hace un año en Cataluña, porque son hechos recientes que tuvieron un gran impacto. Yo recuerdo bien la angustia de aquellos días de otoño, las charlas con amigos atribulados que vivían en Barcelona (constitucionalistas e indepes), y el miedo a que pasara algo gordo. Un amigo argentino -indepe- me contó que el ambiente le recordaba lo que ocurrió en Buenos Aires en los días previos al golpe de los militares, en 1976. Y otro amigo -constitucionalista- me contó que vivía casi encerrado en su casa por temor a sus vecinos, que lo miraban como a un enemigo peligroso. Y aunque muchos no vivimos esas mismas circunstancias, todos recordamos el desasosiego, la incertidumbre, y sobre todo, la sensación de que algo funesto podría suceder en cualquier momento.

Pero lo bueno del caso es que ha pasado un año -¡sólo un año!- y ahora se nos quiere hacer creer que no hubo nada de aquello. En las televisiones, en las tertulias, en las intervenciones en el Parlamento se nos quiere hacer creer que no hubo miedo, ni amenazas, ni una tensión que podía haber degenerado en un gravísimo conflicto civil, quizá con muertos y heridos, muchos, muchísimos. Pues no, nada de eso. Ahora resulta que todos nos habíamos inventado esos recuerdos. En realidad, lo que sucedió fue una alegre yincana, un juego de rol, un happening de teatro experimental. Eso fue todo. No hubo temor a que se armara un follón de mil demonios. No hubo políticos irresponsables que jugaran con fuego, ni incumplimiento flagrante de las leyes, ni insultos ni mentiras vergonzosas. Todo eso nos lo hemos inventado. La memoria, ya lo sabemos, es así de caprichosa.

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