Sobre las Meninas

En la modernidad, cientos de historiadores han querido escribir sesudos ensayos sobre el cuadro

"Una pintura de quatro varas y media de alto y tres y media de ancho. Retratada la Sra. Emperatriz Infanta de España, con sus damas y criados, y una enana. Original de Diego Belazquez, pintor de cámara y aposentador de palacio, donde se retrató asi mismo pintando". Y punto. Eso es todo. Esta es la descripción de "Las Meninas" escrita en el inventario de 1666 del Alcázar de Madrid, el viejo palacio de los Austrias, diez años después de haberse pintado el cuadro y seis después de la muerte del pintor que lo hizo. Un siglo más tarde, ya en época borbónica, se aludía a él como "La familia de Felipe IV". Mucho después aún, desde mediados del XIX, se le bautizó como "Las Meninas". Todo ello sugiere, junto a no ser un retrato oficial sino una distendida instantánea de la vida en palacio, que Velázquez lo pintó de motu propio, sin mediar encargo explícito del rey, aunque el propio rey lo acogiera con sumo agrado y lo disfrutara durante su ejecución y con posterioridad a su conclusión. La altísima calidad de la obra propició que su éxito corriera como la pólvora y fuera vista desde el principio como ejemplo supremo de imitación del natural. Mengs, todopoderoso profeta del neoclasicismo y uno de los pintores más pelmazos de la historia, afirmó en referencia al cuadro que "siendo ya tan conocida esta obra por su excelencia, no tengo que decir sino que con ella se puede convencer, que el efecto que causa la imitación del natural es el que suele contentar a toda clase de gentes". En la modernidad, cientos de historiadores han querido escribir sesudos ensayos sobre el cuadro, para lucirse a título personal y para elevarlo a un estatus intelectual que dista mucho quizás de las verdaderas intenciones de su artífice, más de andar por casa. Los pintores, en cambio, seguimos admirándolo, y más aún en nuestra época, no solo por su capacidad de sugerir la realidad misma, sino también por la perfección estética, técnica y compositiva, magistral e inalcanzable, que demuestra. Contemplado en abstracto, olvidándonos de la tercera dimensión, "Las Meninas" elevan la calidad de la materia pictórica, sin tapujos y con autenticidad pura, a una autonomía plástica tan arrolladora como para que toda la pintura posterior no tenga nada más que añadir. Y en cuanto a su composición, a su estructura y riguroso plan constructivo, representa el anhelo inalcanzable de todo creador visual moderno.

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