A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

Moderados y radicales

Ser moderado no significa buscar compromisos en todos los asuntos. Hay cuestiones en las que uno debe ser radical

En la política hay vocablos tan imprecisos que confunden. Uno de ellos es el término 'moderación'. De entrada, nosotros nos situamos en el centro y lo vemos siempre con simpatía. Entendemos que las ideas y los sentimientos de los demás no son los nuestros y que puede haber una parte de verdad en sus razonamientos. Nos agradan los políticos cercanos, que dedican parte de su tiempo a escuchar y que comprenden la diversidad de opiniones e intereses de las personas. Pensamos también que la gestión no es una ciencia exacta y que el gobernante debe usar sus prerrogativas con la máxima prudencia. Uno puede avanzar por el camino que considera correcto, pero dejando siempre la vía abierta para quienes piensan de forma distinta.

Pero ser moderado no significa buscar compromisos en todos los asuntos. Hay cuestiones en las que uno debe ser radical. Quizás no seamos un país sino diecisiete. A unos les parece esto una ventaja y a otros nos parece un disparate. Es discutible. Lo que no es discutible es el derecho que ahora mismo tiene un ciudadano a recibir la enseñanza en castellano si así lo quiere. Como 'radicales' nos avergüenza que en estos asuntos el PSOE y el PP hayan escurrido el bulto y permitan a otros actuar como en el franquismo. Somos moderados, pero nos indigna que partidos nuevos hablen de regenerar la democracia y manipulen sus elecciones internas. Si esto hacen a sus militantes, qué no harán a los demás. Nos sentimos moderados, pero si no actuamos radicalmente ante los argumentos de ETA y nos dedicamos a pactar con sus discípulos o a comprender su 'sufrimiento', estamos apoyando la dictadura y defendiendo, en el fondo, que alguna razón hubo para asesinar a Ernest Lluch o para torturar a Ortega Lara por muchos homenajes que luego hagamos.

Los partidos que no comprenden que hay temas en los que se debe ser radical, extremista incluso, no nos extraña que pierdan apoyos cuando vienen tiempos difíciles. Es verdad que ellos piensan que, bueno, después de la lluvia siempre escampa. Pero, a veces, cuando se produce una riada la gente no se contenta con tweets ocurrentes ni con palabras más o menos duras en el Congreso. Busca respuestas, soluciones a veces terribles, porque quienes tenían la responsabilidad de poner límites y se llamaban demócratas no creían realmente en la democracia y actuaban mirando solo sus intereses inmediatos.

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