El callejón del gato

La Monarquía en horas bajas

Por más que se diga que la ley es igual para todos, la inviolabilidad es un atributo exclusivo del jefe del Estado

Yo no es que sea monárquico, pero soy más pragmático que republicano y, dando un repaso a la historia, reconozco que no nos podemos quejar de los años vividos desde que se produjo la transición. En teoría no parece que tenga mucho sentido que la jefatura del estado se obtenga por herencia, pero en la práctica el régimen establecido en la Constitución del 78 ha dado buen resultado hasta la fecha. Regímenes políticos envidiados en mi juventud, cuando en España sufríamos la dictadura franquista, compatibilizaban la monarquía parlamentaria con la socialdemocracia más avanzada, como era el caso de Suecia. Son formas de gobierno donde el Rey ejerce la función de jefe del Estado bajo el control del parlamento y del poder ejecutivo. Hoy nuestra monarquía parlamentaria, que podemos compararla con cualquiera de las monarquías europeas que entonces nos causaban envidia, se encuentra en horas bajas. Lo paradójico es que los responsables de su deterioro no somos quienes acatamos la monarquía por pragmatismo simplemente, sino los teóricos que la defienden como único régimen legítimo para España. Por una parte, nada favorece a la monarquía parlamentaria que un panda de militares nostálgicos del franquismo, empleando el discurso de VOX, identifiquen a la corona como un arma arrojadiza frente al sistema democrático establecido, enviando misivas a Felipe VI, reclamando su intervención para derrocar a un gobierno legítimo. Bien haría el actual monarca marcando distancias con semejantes pimpollos belicosos. Y por otra, quien está causando más perjuicio a la monarquía es, precisamente, la persona que durante más de cuarenta años ha sido su representante. Juan Carlos I tuvo su momento participando en la transición y consiguió que, incluso muchos teóricos republicanos, se declarasen juancarlistas, pero hoy se ha destapado como un vividor, cuyo comportamiento en nada se ajusta al contenido de los discursos que cada año nos recitaba por navidad. Por más que se diga que la ley es igual para todos, la inviolabilidad es un atributo exclusivo del jefe del Estado y no sabemos cómo será interpretada por los tribunales de justicia a la hora de aplicarla en este caso. Pero al margen de cómo actúe la justicia en relación a los supuestos casos que puedan ser motivo de delito, el daño que su mal comportamiento está haciendo a la institución monárquica es innegable. A todos los defensores del régimen del 78 nos perjudica, pragmáticos incluidos.

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