Niños no acompañados

Pase lo que pase, siempre habrá algún sector social dispuestos a comercializar con la sangre y las vidas de los demás

Los Menas, acrónimo de Menores Emigrantes No Acompañados, son todos aquellos niños que han llegado a España/Europa -muchos de ellos en pateras- y que la administración pública asume su custodia hasta la mayoría de edad. El problema que se está suscitando últimamente es la evidencia que las instituciones públicas no pueden dispensar este tipo de servicios o están colapsadas. Hecho que viene de la mala gestión -en conciencia, en algunas ocasiones; y en otras, por omisión- y por la necesidad oportunistas de unos y de otros. Algunos, porque los sueltan en las calles para luchar en contra de un neofascismo creciente y es la única manera que tienen para soliviantar a ese sector de la sociedad -traducido esto último en votos-. Los otros, porque saben que es caldo de cultivo para la xenofobia y el racismo -traducción esta en última estancia de posibles votos, cómo no podía ser de otra manera-. Se podría alimentar la red clientelar de los diferentes gobiernos, con trabajos dignos y eficientes, pero si eso se hiciese así, qué margen tendrían para violentar a la sociedad y seguir alimentando los dos bloques: los buenos y los malos. A esta nefasta gestión por parte de las diferentes administraciones -por decirlo de alguna manera- se le suma la necesidad de identificar a los menores e integrarlos con sus familias, siempre y cuando, la situación sea más favorable que tenerlos en los centros receptores de menores. En caso de que sean internados en un Centro de Menores, la custodia y tutorización se realiza hasta la mayoría de edad. El gasto por parte del Estado es de unos 250 euros diarios. Y su reinserción se establece después de haber recibido una formación académica/profesional y con un apoyo económico de reinserción de 450 euros próximamente, durante un tiempo determinado. El problema que existe es que estos datos son carne de cañón para según qué interés. Este mismo procedimiento se aplica también a los menores nacidos en España. Al fin y al cabo, siguen siendo menores, provengan de donde provengan, pertenezcan a la raza que pertenezcan. La situación final que nos presentan es que estos menores, aunque tengan dieciocho años, carecen del refuerzo emocional, social y familiar necesario. Pase lo que pase, siempre habrá algún sector social dispuestos a comercializar con la sangre y las vidas de los demás, por el oportunismo de algunos por ver cómo crecen en las encuestas a costa de los demás. Y en esas estamos.

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