La tapia del manicomio

Nobel frustrado

Que Puigdemont es un hombre de paz ha quedado bien claro: ha salido corriendo para no pelearse, como los caguetas

Nos hemos llevado una honda decepción con la concesión del último premio Nobel. No nos referimos a que otro año se hayan quedado sin galardón Javier Marías y Vila Matas, sino a que Puigdemont, máximo candidato al Nobel de la Paz según fuentes generalmente bien intoxicadas, se ha quedado en la cuneta. Y si al menos se lo hhubieran dado a Putin, a Trump o a Kim Jong-un, también propuestos con todo merecimiento a tal galardón…Pero no, se lo han dado a dos desconocidos. Es verdad que Nadia Murad y Denis Mukwege son benefactores de la humanidad y acumulan sobrados méritos. Pero como son mucho menos famosos que los "figuras" citados, ¿qué pasa con la repercusión mediática? ¿Y las tertulias que se podían haber montado durante meses a costa del fallo del jurado noruego? Hubiera sido mucho mejor para todos dárselo a un jefe famoso, especialmente si se lo hubieran dado al "Puchi".

Además de todos los argumentos que han aducido sus correligionarios y los que no hemos citado por pereza, hubiera sido la mar de entretenido escuchar lo que hubieran soltado por sus bocas los "Mellizos", es decir, Rivera y Casado. O Casado y Rivera, que montan tanto. Y que cada día se parecen más hasta en lo físico, como buenos mellizos. Para que no se crean que no estamos al tanto, vamos a analizar los méritos que ha acumulado el "najelado" Carles Puigdemont, no solo durante su exilio en Waterloo, sino durante su corta pero intensa carrera política. Su labor más destacada, con independencia de la declaración de independencia más breve de la historia, transcurrió durante su mandato como alcalde de Gerona. A la vista de lo floridas que quedan las casas a la vera del rio, decidió desviar el Onyar (Oñar para entendernos) para que pasara por medio del barrio judío para embellecerlo, que estaba algo oscurillo.

Que es un hombre de paz ha quedado bien claro: ha salido corriendo para no pelearse, como los niños caguetas en el patio del colegio. Lo que pasa es que él lo hizo, no por canguelo, sino para no tener que utilizar las armas, que para eso dicen los suyos que han hecho la revolución de las sonrisas (buscando relacionarla con la de los claveles en la boca de los fusiles de Portugal), título bien justificado por sus chicos de la CUP y las CDR, repartiendo estopa, jaleados por Torra, otro hombre de paz y sonrisas igual que su señorito.

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