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Oír voces

En estos tiempos se pueden percibir un sinfín de sucedáneos de una voz divina que dirige la conducta de muchos

Yo tenía trece años cuando escuché una voz de Dios", declaró Juana de Arco durante su proceso en Rouen. El proceso estaba amañado y las acusaciones que acabaron llevando a la hoguera a la pobre Juana eran infundadas (se la acusó de herejía, de vestirse como un hombre y de trato con el demonio), pero aquella muchacha estaba convencida de que una voz divina la obligaba a tomar las armas para defender el reino de Francia. Juana de Arco era una pobre campesina analfabeta, pero también una mujer inteligentísima que puso en aprietos a todos los teólogos del tribunal que la condenó. Eso sí, oía voces, voces divinas que la obligaban a actuar. Y ella sólo creía en esas voces que la empujaban a vestirse de hombre y a combatir contra los enemigos de su patria.

Eso fue en el siglo XIV, pero en nuestros tiempos laicos -y antirreligiosos- también se puede percibir a menudo un sucedáneo de voz divina que parece dirigir la conducta de muchos de nosotros. Basta pensar en el caso de Greta Thunberg, que ha convertido una causa ineludible en un movimiento de resonancias milenaristas. Y basta pensar en todas esas conductas que parecen dictadas por una especie de fanatismo que surge de los peores tiempos del oscurantismo religioso. El procés catalán está repleto de gente que oye voces que las obligan a organizar sus liturgias y sus ceremonias de expiación colectiva. Y por todas partes surgen perseguidores siempre dispuestos a delatar a alguien y a ordenarle cómo debe comportarse y cómo debe vivir. Veganos que asaltan hamburgueserías y granjas, predicadores apocalípticos que despotrican contra los homosexuales y las feministas, activistas que se pasan la vida buscando infractores, etc, etc.

Veamos un ejemplo. Una periodista de modas tuitea una frase idiota mientras está cubriendo un desfile y ve pasar a las modelos: "No soy racista, pero es que todas las chinas las veo iguales y las negras también y las blancas también". Es un comentario intrascendente que no pasará a la historia. Pero he aquí que uno de esos inquisidores vocacionales descubre ese comentario y lo denuncia en una página web por sus terribles connotaciones racistas. Consecuencia: la periodista es despedida fulminantemente. ¿No es este un mundo de gente que oye voces? ¿No es este un mundo de gente que, hablando claro, no está muy bien de la cabeza?

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