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¡Pena de razón!

Podría esperarse que, con el avance de la vida democrática, se fuera matizando el sentimiento y subiendo la participación de la razón

Donde te han dejado? ¿O es que no has llegado todavía? Recuerdo aquellos mítines donde se gritaba el "dales caña, Alfonso". Era un ataque pocas veces personal, porque básicamente se referían a dichos de propaganda como el "Que no te hagan pasar por el aro" como respuesta al "no te dejes meter en un puño, Andalucía". La apelación frecuente, si no constante, a la emotividad en busca del voto ponía de manifiesto que era la voluntad, no la razón, la que guiaba las decisiones de los votantes. No es de extrañar, en tanto en cuanto se dice que lo que ponían de manifiesto las urnas era "la voluntad de tós", como decía la canción de Carlos Cano. La razón parecía estar raramente presente en el ámbito de las decisiones de los votantes. Podría esperarse que, con el avance de la vida democrática, con el incremento del mundo de la educación, al menos se fuera matizando el sentimiento y subiendo la participación de la razón. No está muy claro que eso esté sucediendo en el ámbito de los votantes. Pero sí me duele que estemos oyendo y leyendo cosas que deberían avergonzar al más pintado. En este caso no voy a referirme a los políticos (con discursos vacíos, llenos de consignas repetidas hasta la saciedad, habitualmente apelando al sentimiento). Hablaré de algunos medios de comunicación. Dejo de lado esos programas televisivos donde se insultan a boca llena. Pero no es de recibo que personas que podrían presumir de tener una sólida formación (al menos eso cantan sus títulos universitarios) lleguen a expresarse con ese tipo de lenguaje. En este caso sí se trata de ataques personales, expresados en un bochornoso lenguaje que escandalizaría a un carretero (perdonen por lo de carretero, pero me remito al dicho). Solo pondré como ejemplo los ataques de los que han sido objeto Javier Marías o Rafael Escolar. Puede disgustar la posición de Marías sobre Plácido Domingo, o lo que dijo Escolar sobre Quezada. El primero se expresó con argumentos que tienen su validez y que a lo sumo podrán ser refutados. El segundo habló basado en una observación de las diferentes opiniones vertidas. Pero dedicarles los improperios, las descalificaciones y los insultos que tuve a mal leer, es un modo de actuar de aquellos periodistas que anda muy lejos de la labor pedagógica que se les exige. Así se comprende que en las actitudes de los electores se incrementen las decisiones puramente viscerales. ¿Dónde te han encerrado, razón?

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