República de las Letras

La problemática vuelta al cole 1

La presencial es la forma más económica de enseñanza. Pero con el coronavirus es también la más problemática.

Por lo pronto, están distrayendo a la gente con el tema del reparto de los dineros europeos a las autonomías. Los agravios comparativos entre comunidades y la eterna deuda del Gobierno central con Andalucía siempre les ha dado mucho juego y lo explotan a cada paso, en una demagogia permanente que desvía la atención de los verdaderos problemas. Porque el problema hoy son los brotes y rebrotes del coronavirus. Y, dentro de eso, la vuelta al cole.

Estamos a cuarenta días del comienzo del curso y aún no se sabe cómo se va a hacer. Menuda papeleta tiene la Junta. Los sindicatos de la enseñanza y las asociaciones de padres están en alerta. Con el estado actual de la pandemia es imposible abrir los colegios en condiciones normales. La economía vuelve a mandar por encima de la salud colectiva y por eso quieren que el funcionamiento de los colegios se acerque lo más posible a lo tradicional, es decir, presencial y con ratios próximas a las actuales, minimizando la necesidad de personal adicional, de reforma o ampliación de las instalaciones y de reorganización de los centros y zonas escolares. Y resulta que todo es imprescindible abordarlo a la vista de la evolución de la pandemia. Pero el tiempo, escaso, apremia.

La Junta no quiere renunciar a la fórmula presencial. Sí, fórmula, pues no es más que una modalidad de enseñanza, como hemos visto durante el confinamiento con la utilización de la herramienta telemática. La presencial es la forma más económica de enseñanza. Pero con el coronavirus de por medio, es también la más problemática. En ella, y tratándose de niños y adolescentes, las distancias, se quiera o no, son nulas. El uso permanente de mascarillas es también difícil. Su efectividad, sin distancias y con continuas transgresiones de las normas de uso, se vería notablemente mermado. El uso de desinfectante, que sería normalizado y rutinario, también sería menos efectivo. Por no hablar del uso de las dependencias comunes, sobre todo de los aseos. Si se implanta un sistema de burbujas relacionales, es decir, convivencia intragrupal de un número fijo de alumnos y su maestro asignado -la ratio está por determinar-, las actividades colectivas serían suspendidas y las materias que requieren intercambio de docentes -las especialidades: Educación Física, Música, Inglés, Religión, etc.- serían asumidas por los tutores, como en las antiguas escuelas unitarias. Continuará.

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