Parece que vuelven

En la Ley Wert, ni ética, ni filosofía como materia común para todos los alumnos

Me despedí hace unos cinco años, cuando la tramitación de la LOMCE, de la Ley Wert, estaba pronta a concluir. Certificaba una casi total desaparición de la filosofía en los planes de estudio de la educación secundaria. Ni Ética, ni Historia de la Filosofía como materia común para todos los alumnos. Mi despedida sonaba a definitiva, porque no se vislumbraba ningún rayo de esperanza referente a su posible vuelta a las aulas. Sin embargo, cuando me detengo a mirar con una cierta perspectiva histórica observo que las dos son unas materias sujetas a un cierto vaivén, a un aparecer y desaparecer que sorprende. Desde la presentación vergonzante de la ética en los primeros ochenta en un extraño anexo, como alternativa de la religión (para los que NO querían religión), ha sufrido una serie de zarandeos que no tienen fácil explicación. Y la historia de la filosofía, sin tener que remontarse a esa época, también ha estado sujeta a decisiones que no parecen estar justificadas sobre su exclusión. Me pregunto con harta frecuencia por qué precisamente la ética y la historia de la filosofía. Son varias las hipótesis que se me ocurren. ¿Se trata de unas materias superfluas? ¿Tal vez son nocivas? ¿O no serán más bien imprescindibles para una completa formación humana y por eso habrá que luchar por su implantación? ¿O acaso solo se consideran arma arrojadiza en la lucha partidista? Mis preguntas tienen que ver con el anuncio hecho por la ministra de educación diciendo que volverá, por lo menos, la ética. Es una buena noticia, aunque dudo que se pueda aplicar para el próximo curso. Es evidente que considera muy importante la existencia de la ética, que no viene disfrazada de extraños nombres o considerada una materia trasversal, de todos y de nadie. Pero ¿qué pasa con la historia de la filosofía? No la ha citado, que yo sepa. Y en mi opinión es al menos igual de importante si queremos comprender la evolución del pensamiento humano, de su comprensión de la naturaleza y de sí mismo o del planteamiento de una eventual transcendencia. Ahora bien, me gustaría resaltar que esos objetivos podrán conseguirse siempre y cuando se imparta sin tenerla constreñida a las directrices de un examen cuyos planteamientos, al menos en Andalucía, no encajan con esa visión comprensiva, reflexiva de la que tanto se habla, sino que está orientada más bien a una reproducción catequética para la que se prepara a los alumnos.

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