La Tapia del Manicomio

Pederastia

Sale un escándalo tras otro, no se sabe si por la eficacia de los investigadores o porque hay más casos

Vaya por delante que hablamos por hablar, porque no tenemos datos estadísticos sobre los casos de pederastia y fornicio en general -por delante o por detrás- en el colectivo clerical. Datos hay, pero son tan escasos, parciales y dispersos que carecen de rigor científico. Porque decir que hay muchos poco aporta al avance de la ciencia. Todo el mundo sabe que siempre los ha habido, pero no cuántos ni si la cosa ha cambiado con el paso de los siglos: barraganas, confesores solicitantes, líos en los conventos y abadías…Solo se puede afirmar que cuando el río suena, agua lleva. Y mira que suena en estos últimos años. Parece el Renacimiento, cuando hasta los papas tenían sus asuntillos públicamente, hasta que el Concilio de Trento tuvo que llegar a poner pie en pared. Tampoco nos consta que lo consiguiera, pero al menos se mitigó el descaro de hacerlo sin tapujos. De paso intentaron que la tropa adquiriera algo de culturilla, no demasiada, ni siquiera la mayoría se manejaba en latín aparte del "dominus vobiscum" y el "ite misa est".

El caso es que ahora están saliendo un escándalo tras otro, pero tampoco se puede comprobar si es que ha habido más casos de pederastia en estos últimos tiempos o es que están saliendo por la mayor eficacia de los investigadores, la hartazón de las víctimas o, cosa alto improbable, por el arrepentimiento de algunos. Lo que sí parece claro es que esto va a acabar fatal dado el volumen y el nivel de difusión de los casos delictivos que van apareciendo; y lo horrible de la situación de los miles y miles de víctimas. Lo que parece haber empeorado claramente es la selección de dichas víctimas. Antiguamente se liaban monjas con capellanes, mujeres casadas con sus confesores, párrocos con las amas y coadjutores con las sobrinas. No es que no hubiera casos de pederastia, en todos los colectivos se dan y con mucha frecuencia es difícil detectarlos. Pero una situación tan generalizada dudamos que se haya producido a lo largo de la historia. Lo que más nos mosquea es la afición por los niños. Especulemos: puede ser porque los tienen más a mano, por su indefensión e inocencia o porque se ha puesto de moda esta perversión. ¿Acabará esto con la Iglesia, con el papado o con ambos? Parece difícil después de dos mil años de éxito empresarial, pero es que esto ya clama al cielo.

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