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Perfiles políticos

Ya no hay derechas ni izquierdas sino intrusos profesionales que aburren al electorado. Yo me confieso: me aburro mucho

Amedida que va pasado el tiempo y se van sucediendo las diferentes elecciones he observado cómo se ha generado en el votante una desidia y desinterés permanente por la política. Esto ha crecido aún más, si cabe, en vísperas de los próximos comicios. Puedo decir que la voz popular ha terminado recurriendo a la frivolidad para referir y hasta para entender la inoperatividad de la política actual. Y ciertamente no están lejos de tener razón. El conjunto de partidos no solo no gestionan los grandes problemas demandados por el pueblo, como son el trabajo y la vivienda, sino que se entretienen en enfrentamientos inútiles que solo producen odio. El odio es el modus operandi de sus actuaciones, como también lo es la apropiación de las estructuras del cristianismo al pretender salvar al pueblo de algo que no salva y al demonizar al opuesto a través de ese odio al que nos referíamos. He tratado de pensar en las causas de esta involución democrática y me gustaría ofrecer al lector una nueva visión. En los siglos XIX y XX teníamos otra clase de diputados: Nicolás Salmerón, Ortega y Gasset, Miguel de Unamuno, Clara Campoamor, Victoria Kent. Gumersindo Azcarate, Benito Pérez Galdós, Jacinto Benavente, Blasco Ibáñez, Mariano José de Larra, etc. Es decir, se trataba de personas con una gran formación y con una serie de valores indudables. No voy a decir los nombres de los diputados presentes, pero si efectuamos una comparación me parece que sería a la baja. En el presente no tenemos muchos diputados con formación ni con valores; no poseemos una casta de la misma categoría que la de otros tiempos. Se ha pasado por alto la idea platónica de que solo los más preparados ocupen los puestos de responsabilidad. En su lugar han surgido algunos líderes diseñados por los mejores publicistas del país. A la vista de la circunstancia yo me pregunto: ¿de qué nos extrañamos? ¿cómo iba esto a salir bien? ¿de verdad creíamos que esto iba a salir bien? Analizando la esencia de la política española de otros tiempos la respuesta viene por sí misma. Ya no tenemos a Clara Campoamor, ni a Isabel la Católica, ni a don Nicolás Salmerón. Esto no puede salir bien hasta que no se renueve a la casta. Se hace necesaria una renovación de personal en nuestra democracia. Ya no hay derechas ni izquierdas sino intrusos profesionales que aburren al electorado. Yo me confieso: me aburro mucho.

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