En qué momento se había jodido el Perú?" se preguntaba Santiago Zavala con un desconcierto tan grande como el volumen de razones y acontecimientos que habrían de haber intervenido en la deriva del país que miraba pero no reconocía; Tristísima pregunta de tristísimas respuestas, se tratara del país que se tratara, y que, sin duda, hablarían, en no pocas ocasiones, de un incorrecto comportamiento de la clase política.

Y es que, a la Política en mayúsculas, no es que no le valga todo, es que no le vale casi nada, y aquí, en España, parece que lo estamos olvidando. Basta pensar en lo visto el día que arrancó la nueva legislatura: Dos inauguraciones, la oficial y la reivindicativa de las, autollamadas, "fuerzas políticas independentistas, soberanistas y republicanas" porque, como nos dicen sin pudor, ellas solo están en Madrid para llegar a otro sitio, un hemiciclo sin voluntad aparente de hacer lo que les corresponde, entenderse y buscar el consenso necesario para hacernos avanzar, y dos nuevos episodios de esta ligereza política en la que nos movemos:

Uno, ese en el que Felipe VI, pidiendo lo que pide discurso tras discurso, unidad y estar por y para España, recibía ovacionadores aplausos de quienes, mientras aspiraban a los sillones desde los que ahora aplaudían, se referían a él como "ciudadano Borbón", rechazaban acudir a sus actos porque "la Monarquía no es un símbolo de unidad para todos los españoles" y, por supuesto, no aplaudían sus discursos porque no eran "para todo el mundo" al dejar fuera "a la mayor parte de los catalanes" y porque, como decían hace apenas un año, ellos "no aplaudían la impunidad". Será que desde sus nuevos asientos la figura del Rey no se percibe tan impune ni tan anacrónica o que sus discursos suenan distinto.

Y el otro, ese en el que escuchamos a esas "fuerzas políticas independentistas, soberanistas y republicanas" desde, precisamente el privilegiado altavoz que han obtenido gracias a la Democracia y al lugar que encuentran en nuestro sistema electoral y político los partidos regionalistas e independentistas, reivindicar Democracia, libertad y República con un manifiesto escrito con absoluta ignorancia a la soberanía a la que, sea cual sea su objetivo como partido, se deben, la soberanía del pueblo español, con total desprecio a la Democracia pues hablaban en nombre de todo un electorado cuando solo han recibido los votos de una parte y pervirtiendo el sentir republicano al rechazar la Monarquía, como institución, porque "se sustenta en el objetivo de mantener e imponer la unidad de España y sus leyes", pues también sería labor de la Presidencia de una República pedir la observancia de la legislación vigente.

En fin, como nos ha dejado dicho José Luis Cuerda a través de su película "La lengua de las mariposas", "a veces el infierno somos nosotros mismos".

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