Podemos ministro de Trabajo

Los partidos políticos se ocupan estos días en organizarse para gobernar que, al fin y al cabo, es para lo que se les elige. Absurdo sería presentarse a unas elecciones con la esperanza de no gobernar. O, al menos, confesarlo, pues viendo algunas de las recientes campañas, la composición de las listas y lo estrafalario de ciertas propuestas, tengo el convencimiento de que hay quien tiene como objetivo vital ser concejal de la oposición. No es el caso de Unidas Podemos. Pablo Iglesias está decidido a tener ministros en el gobierno de cooperación. No sorprende que Unidas quieran estar en el Gobierno, lo que maravilla es el empeño en conseguir el ministerio de Trabajo, el cargo más ingrato de los gobiernos de la democracia. Piensen tan solo en este dato, es el ministerio que da los datos de paro y el que anuncia periódicamente que pide un crédito para pagar las pensiones. Confiemos en que esto no vaya de ahora que llego yo, por fin alguien con ideas frescas, voy a solucionar los grandes males del mercado laboral, como la temporalidad, simplemente con mi deseo de que así ocurra. Esa cuestión, la temporalidad, deberá abordarla el nuevo gobierno enfrentará, al igual que todos los anteriores desde 1984. Almería, por ejemplo, es la provincia andaluza que mayor volumen de contratación indefinida ha registrado en lo que llevamos de año y eso son el 7,87% de los más de 140.000 contrataciones formalizadas hasta la fecha. Visto desde el otro lado, el 92% de los contratos celebrados este año son temporales. Una tasa de temporalidad tan alta y prolongada en el tiempo afecta a la productividad, pues ni empresas ni trabajadores se pueden sentir incentivados para invertir en formación para un puesto del trabajo en el que no van a durar. Sumemos a ello que la experiencia que el trabajador ha conseguido se pierde en una gran medida al terminar la relación laboral. La justificación para una temporalidad tan alta no está solo en el peso de actividades estacionales como Agricultura, Hostelería o Construcción, sino a una cultura ya instalada. Han pasado 30 años desde que se introdujeron los contratos temporales como solución temporal a la crisis de los ochenta. Las empresas se han adaptado y llegado a crear como una doble estructura en ellas: la indefinida y la que rota. La indefinida, ahora, suele ser la cualificada que importa retener en la empresa. Así se crea una segregación más en el mundo laboral. Creo que se necesitará algo más que llegar al ministerio, un compromiso amplio (transversal como se dice ahora) que empiece cambiando esa cultura.

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