Carta del Director/Luz de cobre

Presupuestos y credibilidad política

En los presupuestos del Estado o de la Junta nunca la oposición dice una sola frase de apoyo. O es poco o son malos

Ya tenemos sobre la mesa los Presupuestos Generales del Estado y los de la Junta de Andalucía. Ambas administraciones, como corresponde llegado el otoño, llevarán en breve al Congreso y al Parlamento Andaluz las cuentas nacionales y regionales para, si procede y cuentan con los apoyos necesarios, sacarlas adelante.

Entendiendo que un presupuesto no deja de ser un ejercicio de voluntarismo, en el que se pone, "negro sobre blanco", una previsión de lo que una administración prevé recaudar y gastar durante el ejercicio siguiente. Si es evidente que es la principal Ley que un gobierno tiene a su disposición para desarrollar su trabajo, además de ser la vía sobre la que se sostiene un ejecutivo.

Bajo esta premisa, entenderán ustedes el ejercicio de funambulismo al que cada año nos someten aquellos que rigen los destinos del país o de la región y quienes ejercen la oposición. Un ejercicio digno de estudio por los más sesudos catedráticos, por el cinismo en el que se envuelven las cuentas de una y otra parte.

Si hablamos del Gobierno de España, vemos como la defensa que se hace en cascada desde el presidente hasta el último diputado, sólo tiene bondades. Por contra, la oposición carga en bloque, como si no hubiera un mañana, para tirar por tierra cualquier argumento positivo que las cuentas puedan tener en su desglose. Lo peor de todo es quienes hablan por una y otra parte, sólo han tenido acceso a pequeños detalles o, lo que es peor, al argumentario que sus respectivos partidos dictan para que en cascada se cuente.

Si de la Junta de Andalucía hablamos la aplicación del análisis anterior es exactamente el mismo, con puntos y comas, sin restar un sólo ápice a lo que les cuento.

Puede, sólo puede, que este sea el método, la fórmula o la llave sobre la que se asienta el sistema partidista en el que nos movemos y la sociedad de comunicación que lo sostiene. No logro entender, sin embargo, que el contrincante político al final no haga nada bien o, por el contrario, que aquellos que ejercen el poder no sean capaces de sumar ideas que puedan mejorarlo programado.

Y es que a estas alturas del partido, en el que las prórrogas se suceden cuando el tiempo añadido concluye, poca o ninguna credibilidad me ofrecen los que por sistema tratan de vilipendiar aquello que ofertan los demás, aunque no son capaces de poner en el escenario proyectos que mejoren lo proyectado.

Entiendo que ha llegado el momento de avanzar un paso en la coherencia, en la normalidad, en el hacer país, región y provincia, y caminar por la senda del equilibrio, de la normalidad... Otro camino sólo conduce a mostrar a los ciudadanos la escasa empatía que se tiene por sus problemas y cuánto se lucha por mantener o recuperar el sillón que el otro posee.

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