Primitiva accidentada

Un despiste por accidente puede hacer de sobra rico a quien encontró una primitiva extraviada, accidentada en fin

L OS accidentes son la razón de ser de lo extraordinario, casi siempre acompañado de desgracias o infortunios porque el orden regular de las cosas, aunque no resulte gozoso y feliz, suele procurar una normalidad a la que nos acostumbramos por penosa que resulte. ¿Y los despistes? Pues estos son un accidente, casi siempre menor -tampoco faltan despistes gravosos-, que altera la rutina en que acaba el modo habitual, y conveniente, de hacer las cosas. Un apostante que juegue algo más de los décimos navideños, por razón de la costumbre o de la tradición -o del por si acaso toca a los cercanos-, seguro que juega a la primitiva y, cuando acude por su boleto, normalmente lo recoge y pone a buen recaudo. Así es, normalmente, salvo que el accidente del despiste lleve a dejar olvidado el boleto para que el lotero lo encuentre sobre el mostrador al cerrar la administración. No es accidente -aunque sí vicisitud harto extraordinaria- que la apuesta resulte premiada con casi cinco millones de euros. Y debido al obligado hacer, si bien digno de reconocimiento grande, que el lotero entregue el boleto de la primitiva en la delegación de Loterías y Apuestas del Estado, a la espera de que pudiese aparecer su sueño o hubiera de resolverse el despiste entregando el billete a quien lo encontró. Así paso hace casi siete años, y todavía se está dirimiendo la posesión del boleto premiado con tan ingente fortuna. Más de doscientas personas lo reclamaron al informarse la pérdida. Aunque esta se anunció tarde -un año después de producirse- y mal -el texto oficial publicado en el Boletín Oficial de la Provincia reza así: "A la vista del escrito presentado en relación con un resguardo de Loterías y Apuestas del Estado identificado con el número 178-0454007-045, interesándose de que se promueva expediente al amparo y se dé publicidad a esta circunstancia para que las personas que pudieran acreditar su derecho sobre el objeto hallado la ejerciten". De la legión de reclamantes fingidos no figuraban huellas en el boleto, según las pesquisas policiales, pero sí de once personas distintas, una claro está que el lotero en cuestión.

Pendiente la posible práctica de pruebas de ADN, nada fácil parece que pueda demostrarse a quién perteneció realmente el boleto, aunque insistan los descendientes de un reclamante fallecido. Luego un despiste por accidente puede hacer de sobra rico al lotero que encontró una primitiva extraviada, accidentada en fin.

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