Libertad Quijotesca

Recordando a Chaves Nogales

Chaves Nogales es ejemplo vivo de que España puede y debe superar el nefasto cainismo

Manuel Chaves Nogales nació en la calle Dueñas de Sevilla en agosto de 1897. Es la misma vía donde nacieron Antonio y Manuel Machado. Hombre de gran entereza y calidad humana, con una concepción del mundo coherente, de mirada honrada, lúcida y ecuánime. Periodista y escritor entregado con admirable pasión a su profesión. El pasado cuatro de mayo se cumplieron 76 años de su fallecimiento en Londres, ciudad a la que le llevó su peregrinar de exiliado. Autor olvidado durante muchos años, felizmente fue rescatado del injusto ostracismo por María Isabel Cintas Guillén, que le dedicó una biografía titulada Chaves Nogales. El oficio de contar, publicada en 2011. De sus cuatro hijos, sólo su hija Pilar Chaves Jones vivió la alegría de ver como la voz indispensable de su padre se escuchaba en nuestro presente. Pilar recuerda: "La educación cosmopolita que me dio mi padre fue su mejor regalo". La autora señala como características principales del trabajo de este ejemplar y ejemplarizante periodista: "claridad, brevedad, amenidad y apoyo en la fotografía". Supo incorporar a su oficio los cambios tecnológicos y organizativos de la época, por ejemplo, durante su etapa como redactor jefe del Heraldo de Madrid, amplió la redacción y cambió la rotativa. Fue pionero al destacar el valor de la fotografía. Igualmente hizo con el uso del avión como medio de transporte imprescindible para su trabajo. Arturo Pérez-Reverte, uno de los autores que más contribuye al reconocimiento y estudio de la figura de Chaves Nogales, se refiere a él como el ejemplo de lo que era el repórter de los años 20 y 30 del siglo XX. Del mismo modo el autor de Alatriste afirma con rotundidad: "El prólogo de 'A sangre y fuego' debía ser materia obligatoria en los colegios para saber que fue la Guerra Civil". Estamos ante uno de los escasos autores que no pertenecieron a ninguna de las dos Españas del doliente poema de Machado. Nos enseña que se puede conjugar el verbo unir y emplear el plural de modestia nosotros/nuestros. Ante eso no hay sectarismo, ni propaganda que valgan. El odio desaparece, no hay enemigos que marcar a hierro de fanatismo e ignorancia: "Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado…Cuento lo que he visto y lo que he vivido más fielmente de lo que yo quisiera". Hay respeto y compromiso con la verdad de que España es nuestro hogar y responsabilidad.

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