A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

Recuerdos de Almería

El hotel Costasol era el no va más y los coches de caballos tenían su parada en Obispo Orberá

A mediados de 1965, López Mozo, uno de los dramaturgos más apreciados y premio nacional de literatura dramática, pasó unos meses en Almería, en el Campamento, como sargento de milicias. De esa estancia quedaron unas cuartillas recogidas años después en Las Nuevas Letras (número 7, 1987), la revista editada por la Diputación Provincial, y una obra de teatro, de un acto, Los sedientos, la primera que escribió.

El relato de cómo era la ciudad se elaboró según las normas de moda: los relatos de viajes publicados por Cela, Goytisolo, Ferres, Marsé… En ellos se mezclaba el deseo de retratar lo que se veía y el propósito de denunciar la situación del país.

La intención de describir fielmente es lo que da aún cierto valor a esas páginas de 1965. En ellas podemos ver una pequeña ciudad que tiene a la calle de Las Tiendas como centro comercial y en la que uno se puede orientar porque a la vuelta de cada esquina surge el mar. La vida giraba en torno a unas plazas: Puerta Purchena, la glorieta Sartorius (San Pedro) o Careaga. El hotel Costasol era el no va más, los coches de caballos tenían su parada en Obispo Orberá y La Parrala, infatigable, hacía sus recorridos por Huércal, Viator… La atención al detalle nos permite saber lo que costaba un billete de transporte o que se podía comer en El Americano por un céntimo. Las andanzas por las calles del escritor están salpicadas por nombres de bares y merenderos, que a muchos aún les suenan y les hacen, seguro, revivir sabores: La Barraquilla, Los Claveles, El Lupión, La Cepa… Vemos que ya se rodaban las "películas de indios". Y que la playa no era aún un lugar de culto, sino un sitio algo selvático, con la excepción del desaparecido Club Náutico.

Mucho ha cambiado la ciudad desde entonces. El propio López Mozo indica que volvió 20 años después y que le sorprendieron para bien las novedades. Pero, en 1965, para denunciar la situación española, de acuerdo con el género literario, presta especial atención a los signos de pobreza. Señala la multitud de mendigos, el fatalismo y el sueño permanente por emigrar o, mejor dicho, por huir de una provincia que no brinda ni siquiera la oportunidad de sustentarse. De estas anotaciones han pasado 55 años. Impresiona ver que, en menos de una vida una ciudad, sus trajines cambian por completo mientras los restos de la antigua se arrinconan, si acaso, en la memoria.

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