La tapia del manicomio

Redículo, redículo

Esperemos que el corrector no nos corrija el titular, porque así, con falta prosódica repetida tres veces, es como resumió su crónica un corresponsal deportivo de la provincia. A su parecer, el linier había estado "redículo" al señalar no se qué falta. El director del programa, desde la capital, le regañó por su falta de ecuanimidad periodística más propia de un hincha. El corresponsal, indignado, cerró la crónica repitiendo: "Ha sido redículo, redículo, redículo". Nos ha venido a las mientes esta vieja anécdota al leer las declaraciones de don Fernando Giménez Barriocanal, a la sazón vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal española, quien ha afirmado con la misma rotundidad que el referido corresponsal deportivo, que "El porcentaje de pederastia en la Iglesia es irrelevante, irrelevante, irrelevante." Nótese que, en este contexto, irrelevante es sinónimo de ridículo. Podría haberlo expresado así: el porcentaje de curas pederastas es redículo, redículo, redículo. No sabemos qué catedráticos de estadística y/o empresas cocinadoras de sondeos le habrán calculado a don Fernando un porcentaje tan "preciso", siendo el colectivo a evaluar tan numeroso y variopinto. Menudo ejercicio de la cuenta de la vieja nos está colando el señor ecónomo de la clerecía. Con los datos que conocemos -más de cincuenta mil religiosos católicos sólo en España, de los cuales diecisiete mil son sacerdotes- estaría bien que nos detallaran el método de cálculo empleado, si han hecho ese cálculo sobre el total de religiosos o han cogido una muestra, y si esa muestra es significativa o a ojo de buen cubero. Si no, nos quedará la sospecha de que lo que hace es soltar una muletilla o frase hecha que todos utilizamos para decir que hay unanimidad en algo. Por otra parte, el citado señor añade otro porcentaje, en este caso más concreto: "el 99,9 % (de esos cincuenta mil y pico de religiosos) da su vida por los demás". Apostillemos dos cosas: si nos ponemos literales, si uno da su vida por los demás, muere. Y la segunda, esta ya en serio, es que ser capaz de "dar la vida por los demás" no implica que no haya practicado la pederastia en sus ratos de ocio y esparcimiento. La verdad es que, si no fuera tan trágico y doloroso, esto sería irrelevante, o incluso "redículo". qué catedráticos de estadística y/o empresas cocinadoras de sondeos le habrán calculado a don Fernando un porcentaje tan "preciso", siendo el colectivo a evaluar tan numeroso y variopinto. Menudo ejercicio de la cuenta de la vieja nos está colando el señor ecónomo de la clerecía. Con los datos que conocemos -más de cincuenta mil religiosos católicos sólo en España, de los cuales diecisiete mil son sacerdotes- estaría bien que nos detallaran el método de cálculo empleado, si han hecho ese cálculo sobre el total de religiosos o han cogido una muestra, y si esa muestra es significativa o a ojo de buen cubero. Si no, nos quedará la sospecha de que lo que hace es soltar una muletilla o frase hecha que todos utilizamos para decir que hay unanimidad en algo. Por otra parte, el citado señor añade otro porcentaje, en este caso más concreto: "el 99,9 % (de esos cincuenta mil y pico de religiosos) da su vida por los demás". Apostillemos dos cosas: si nos ponemos literales, si uno da su vida por los demás, muere. Y la segunda, esta ya en serio, es que ser capaz de "dar la vida por los demás" no implica que no haya practicado la pederastia en sus ratos de ocio y esparcimiento. La verdad es que, si no fuera tan trágico y doloroso, esto sería irrelevante, o incluso "redículo".

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