Responsables y libres

La libertad de expresión es un derecho que debe ser ejercido con responsabilidad

Hace tiempo que estamos siendo espectadores de varios revuelos mediáticos en torno a la libertad de expresión: por una parte la de varios políticos residentes en países que no son el suyo y que revisten con orgullo el emblema del exilio; por otra la de ciertos artistas en la misma situación que han opinado públicamente sobre ciertas instituciones; y finalmente la de una persona con un proceso judicial abierto por manifestar su visión de una divinidad. Obviamente tales escenarios llevan dos reflexiones. La primera y común solo puede ser una: la libertad de expresión reconocida del art. 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en el art 20 de la CE, no puede colisionar bajo ningún concepto con otra norma o disposición legal. Al menos no debería si la aspiración es una democracia. En eso hay unanimidad moral, sin duda, sobre todo en estos años donde han surgido nuevas legislaciones que han mermado tal derecho. Pero luego está la otra gran reflexión: la persona que decide ejercer ese derecho debe ser lo suficientemente responsable como para no malgastarlo en luchas inútiles. Por ejemplo: todos tenemos derecho a la vida, pero malgastar la vida no ayuda a dar ejemplo a las nuevas generaciones y no ayuda al progreso de la humanidad -al revés, la despista-. Pues no usar bien el derecho a la libertad de expresión supone hacer perder el tiempo a los que aspiran a una mejora social. Al igual que el científico o el artista tienen la responsabilidad de ofrecer algo sublime, la persona que ejerza su libertad de expresión debe ser responsable de la misma en términos de reciprocidad y de autoexigencia. Ser libre es una situación moral de crecimiento personal pero expresar esa libertad representa un proyecto común donde la ejemplaridad debe estar presente. Si no hay responsabilidad en este proyecto expresivo tan solo surge una actividad estética o narcisista donde solo aparecen símbolos o reacciones superficiales. Creo que la lucha por este derecho, desde la democracia ateniense, se merece que quienes aspiren a ejercerlo lo hagan para aportar algo a los demás de cierta importancia. Ahora bien, ¿cuál de los ejemplos que puse al principio no ha sido llevado con responsabilidad? Eso deben decidirlo los lectores. Aranguren, el creador de la ética de la responsabilidad, lo tendría muy claro. Según él, tenemos un compromiso con los demás.

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