Abierto de Noche

Reyes Magos

Yo era un furibundo antimonárquico y ahora soy monárquico, felipista (de este no del otro) y juancarlista

Yo era un furibundo antimonárquico y ahora soy monárquico, felipista (de este no del otro) y juancarlista. Pasa lo mismo con el otro emérito, el ausente, nadie se acordaba ya de él y ha muchos les daba igual pero cuando salió volando en un helicóptero se convirtieron al franquismo numerosos indolentes. Eso sí, se le dio el gusto, no a Sánchez, que a el plim sino a al columnista contraportadista de los domingos de El País. Efectivamente, el sr Vicent. El lo dijo el primero y prístino, la idea fue suya, fue él con sus artículos etéreos. El escribe sobre el atardecer de una tarde de estío con una copa de vino (actualidad total) y al final de arpegios y músicas suelta lo del lodazal político en que vivimos. Mala suerte, sr Vicent. Como ya al empezar a leer sus artículos se me cierran los ojos no sé si ha metido ya baza con lo del rey (al final del artículo después de hablar cientos de caracteres de hojas de árboles bañadas por la luz). Lo importante de este asunto es, cómo no, centrar la audiencia en algo que ni va ni viene a la mayoría de la gente. Y no hablemos de dineros que ya se fueron los carros de bueyes cargados de sacos y sacos conducidos por todos y cada uno de los honestables, muchos de ellos todavía portando el cetro, altos y bajos, rezumando envidias resecas las comisuras de los labios los que solo los vieron partir y nomás acertaron a pescar algunas monedas. Mintieron, falsearon, festejaron, fueron todos cada uno a su festín de monos a cual más honesto mientras los bobos que pensaron que no era de recibo poner las manos en cazo deambularon con ojeras por los titulares. Olvidado ministro con cara tristona muere en el semiabandono. Qué bobo él. Y para eso va y se mete a político. Mejor que no de explicaciones nadie para no verter más hediondo fluido sobre el paraíso del sr Vicent y que pueda abstraerse de todas las mundanas cuestiones. Para que siga tocando su lira con laureles de baco y hable de panes y aceites de sabor epicúreo. Y entonces para qué miras al mundo que te rodea si no te interesa el mundo que te rodea, solo la falacia platónica de las ideas y los vanos atardeceres, que mañana habrá otro y pasado y claro, algún día, ya no lo verás, como si lo importante es que los hayas visto tú. El ombligo del mundo cuya máxima aspiración es irse con todo disfrutado, todo degustado, todo deformado, por el ojo que todo lo quiere ver, menos la realidad.

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