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Rivera en el remolino

El mote de la 'veleta naranja' que al principio era gracioso, empieza a ser demasiado cruel de tan atinado

En política todo puede cambiar de la noche a la mañana, pero hoy por hoy a Rivera se le está poniendo cara de batacazo electoral. Desde luego, ha jugado mal sus cartas. Descuidó su granero de Cataluña, sacando de allí a Inés Arrimadas y no haciendo valer su puesto de partido más votado. Además, en los primeros días de esta legislatura pudo poner a Sánchez en la tesitura de apoyarse en Ciudadanos a cambio de una política nacional y de una bajada de impuestos. No lo hizo, y cuando lo ha hecho, ya era tarde y para salvarse él (aunque a Sánchez sí le hizo daño, eso sí, porque dejó en evidencia que estaba empeñado en volver a las elecciones a toda costa).

Pero fue morir matando, como atestiguan las encuestas a la baja. Y no es lo peor, sino que se le notó el pánico, y por eso ahora se ofrece a pactar con Sánchez, cuando no hacerlo era la columna vertebral de su política. Y ahora -mangas verdes- hace una moción catalana. Ha entrado en una dinámica de círculo vicioso en la que cualquier remedio lo empeora y acelera un remolino con dimensiones de Maelstrom. ¿No se da cuenta que coge a los suyos con el pie cambiado? Los que eran partidarios de pactar con el PSOE ya se enfadaron y algunos hasta se fueron, y le quedaban los que no querían pactar ni atados.

Con estos quiebros de cintura, voltea toda su estrategia, y a unos y a otros de los suyos y de los ajenos les demuestra que su rumbo no está nada claro. Ya sus palabras suenan inseguras y a la defensiva. El mote de la "veleta naranja" que al principio era gracioso, empieza a ser cruel de tan atinado.

No celebro la situación. La describo porque es la que hay y porque es la variable que puede alterar el resultado del 10-N. ¿Adónde irá el voto que pierda Cs? ¿Variará o no los rebotes d'Hont, cuyos restos los carga el diablo y dependen mucho de los sorpassos?

Hay una reflexión más de fondo. El centro es un espacio al que se tiende desde la izquierda o la derecha: apuntar a él tiene prestigio y da votos. Pero estar en el centro es otra cosa porque quizá el centro sólo es un vacío y, en todo caso, porque exige unos equilibrios muy complejos, que Rivera, que es quien más cerca ha estado de ese epicentro mítico de la política española, no ha sabido gestionar. Situado entre los dos grandes, las presiones son tremendas y las equivocaciones, letales. Quizá Rivera consiga equilibrarse de nuevo, aunque, sí lo logra, nos sorprendería.

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