República de las Letras

SEXTA OLA (2)

No hay medidas radicales que atajen el virus. Hay cobardía. Hay miedo electoral.Y así no hay quien viva

La verdad es que llevan bien los gobiernos central y autonómico lo de la pandemia. Pero siempre van por detrás del virus, a remolque de las sucesivas olas. Aquí, salvo el confinamiento, que fue decretado por el gobierno de Sánchez, nunca se ha llegado a tomar una decisión drástica que ataje la expansión del virus antes de producirse. Hay miedo a que la economía se resienta. Siempre se ha antepuesto la economía, esa religión de nuestro tiempo, a la salud de la gente. Y eso, aunque han ido viendo, que mira que les ha costado aprenderlo, que sin salud no hay economía. ¡Lo dice hasta Ayuso (M.A.R.)! Bueno, ella alude a la libertad, lo que también es significativo: es la antigua reticencia de la derecha a que la gente aprenda que la base de toda formulación política, de todo sistema social, es la economía. Siempre lo han ido camuflando con batallitas, héroes más o menos inventados ad hoc, santos… Y no han impartido nunca economía en colegios e institutos. Pero la gente siempre hemos intuido que detrás de todo acontecimiento político o social hay un sustrato económico: el dinero es el nuevo dios de nuestra época, es aquel anticristo descrito en los Evangelios.

Pero a lo que voy. Aquí no ha sido posible, digo, medidas que atajen la expansión del virus. Enseguida que se ha insinuado algo en ese sentido han salido los que destruirían todas las libertades si llegasen al poder y han invocado la libertad, la Constitución, los derechos… No hemos aprendido de, por ejemplo, China, donde ni olas ni nada. Claro, se trata de un país "comunista" -así, entre comillas- y eso le invalida para enseñarnos algo. Pues ahí está, han dominado al virus, no tienen olas, y ahora mismo se mantienen al margen de la pandemia a pesar de ser el país donde se originó. No. Aquí las fiestas, más o menos ilegales, más o menos consentidas por el poder, los eventos de muchedumbres patrocinados por ayuntamientos, los encuentros deportivos… Nada de eso se ha suspendido, la economía manda. Y solo se le han puesto trabas a la hostelería. Bien hecho, pues la hostelería es, por definición, socialización, reunión de personas, lo que favorece al virus. Hasta el punto de que los hosteleros han dicho que ellos no tienen la culpa del coronavirus, cosa obvia: nadie les culpa.

Pero, lo dicho, no hay medidas radicales que atajen el virus. Hay cobardía. Hay miedo electoral. Y así, con estas olas, no hay quien viva.

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