Sembrando vientos

Por la puerta del hospital salían en ese momento los chicos recuperados, entre aplausos y parabienesVeremos como de profundas son las grietas sociales del comportamiento de Donald Trump

Lo consiguió. Claro que lo consiguió. Cómo no iba a conseguirlo si no ha dejado de buscarlo, si no ha parado de llamarles, si no ha desperdiciado una gota del indetectable veneno que se vende en las redes sociales. Y de ese empeño, la sociedad que él juró proteger recibe 5 cadáveres, una convivencia más debilitada, un reforzado populismo y unas triunfantes nuevas formas de hacer política. Ashli Babbitt, la exmilitar que recibió el disparo en el interior del Capitolio, como los otros 3 seguidores de Trump fallecidos, fue a Washington convencida de que tomar ese gigantesco edificio en el momento en el que se iba a certificar la victoria de Biden era lo que tenía que hacer por "su" Presidente, el del "América first", el que les prometió recuperar la luz que los traidores a su nación les habían robado condenando a la América blanca a una vida de trabajo temporal y precario, sanidad de beneficencia y parques de caravanas, el que los llama patriotas y les dice que los lleva en su corazón, el que afirma que los comprende porque él también se hizo a sí mismo pero les oculta que fue el heredero de un multimillonario, el que acababa de dar un discurso desesperado en el que presionó a su vicepresidente para que impidiera la ratificación y les alentó a no rendirse. "La tormenta ha llegado", "nada nos detendrá", escribió esta mujer en Twitter sólo unas horas antes de morir por nada, porque la victoria de Biden era una realidad que estaba por encima de esa certificación. En fin… 5 muertes en una guerra que nunca fue la suya. Veremos como de profundas son las grietas sociales que ha provocado este comportamiento de Donald Trump y lo explosivo de su mezcla con las consecuencias humanas y económicas de la pandemia, pero lo que EEUU vivió el pasado día 6, se califique como se califique, se le de la importancia que se le de, es, como mínimo, un atronador aviso a navegantes, porque resulta que lo que fue tomado ese día es el lugar considerado, mundialmente, el símbolo de la Democracia, porque el motivo de ese acto fue la desconfianza en lo que constituye la esencia de la Democracia, el proceso electoral, y porque el proceso electoral del que una buena parte de una sociedad desconfía es el de un país que lidera el mundo libre y que se encuentra librando una batalla por mantenerse como primera potencia mundial. El año 2020 se ha ido dejándonos escenas que sólo podíamos esperar ver en una película, pero es que el 2021, a los 6 días de su llegada, ya nos ha regalado la que puede ser, no sólo la imagen del año, sino la imagen que ilustre el capítulo final de la historia de como EEUU perdió la hegemonía mundial: la de un hombre con cuernos de búfalo presidiendo su Senado. Absolutamente perturbador, digno de este extraordinario período que nos han traído estos años 20 tan distintos de aquellos felices años 20 que las promesas y maneras de Trump querían evocar.

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