Utopías posibles

Sensibilidad

La realidad es determinista. Es nuestro ojo quien interpreta y da significado a la imagen

Piensa en aquella canción que escuchaste en un momento muy especial de tu vida, la que escuchabas en tu adolescencia, esa que una vez te hizo llorar o la que te provocó saltos de alegría. Cierra los ojos. Recuérdalo. Recuerda ahora una imagen que te impactó. Puede ser una fotografía, un cuadro, un paisaje, una situación concreta que ha quedado en tu mente para siempre. Piensa en lo que sentiste al verlo. Podríamos después repetir ese mismo ejercicio con un libro, una historia leída en cualquier parte, un poema, un cómic... aquel que te emocionó, ese que después estuviste días y días pensando, dándole vueltas a la cabeza. Aquel que te dio tanta pena terminar, porque no querías separarte de él. Aquel otro que has releído varias veces. O cuando te quedaste impresionado con aquella ciudad, sus calles, sus edificios, con aquel precioso pueblo, el lugar y la manera en que estaba construido. O en plena naturaleza, admirando la montaña, el río, el desierto, el atardecer en la playa...

Las personas no somos nada sin nuestra memoria y nuestra sensibilidad. Si nos quedásemos solo con la parte racional, el conocimiento, el procedimiento, la resolución de problemas, los datos... nos convertiríamos en simples robots. De hecho, es más que probable que los robots nos alcancen e incluso nos superen. Ya lo han hecho, en muchos sentidos.

Sin embargo, a los seres humanos nos resulta muy difícil (por no decir imposible) separar la realidad de la manera en que la vivimos (los sentimientos, sensaciones, emociones). La realidad es determinista. Es como es. Una imagen fotografiada es una mezcla de técnica, química, y los objetos o personas que ahí aparecen. Es nuestro ojo quien interpreta y da significado a la imagen.

Lo mismo podríamos decir del sonido (meras ondas acústicas), la naturaleza (que sigue sus propias normas) o cualquier otra cosa que nos rodea. Cuando estas sensaciones se almacenan en nuestra retina o en nuestra mente, nos dan forma a nosotros mismos. Nos hacen ser como somos. La música, el paisaje, la poesía y todos los ejemplos anteriores solo permanecen en nuestra memoria. En el momento en que dejan de sonar, dejamos de leer o de mirar, ya no existen.

Rechacemos de plano todo intento de reducir el aprendizaje a la transmisión de contenidos, a «saber cosas» y «saber hacer cosas». El conocimiento es importante, pero sin cultivar la sensibilidad, no merece la pena.

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