Sodoma y chabola

Por fin tenemos en la provincia de Almería nuestro poblado chabolista auténtico

Por fin tenemos en la provincia de Almería nuestro poblado chabolista auténtico. Se encuentra en el cruce-rotonda de la AL-3112 con la AL-3108, en el municipio de Níjar. La rotonda conduce al norte a Los Nietos y a Atochares, al este a Los Albaricoques, al sur, a El Pozo de Los Frailes y San José. Hasta se puede ver, incipiente, en las virtuales imágenes del pasado fotografiadas desde el cielo por GoogleEarth, en la parte Noroeste del cruce, en las coordenadas 36.843163º, -2.158782º. Tiene ya sus dimensiones normalizadas, es una pequeña ciudad sin ley situada en tierra de nadie y con una superficie aproximada de 25.000 m², con sus calles, sus manzanas, sus adosados hechos de palos de madera fijados al suelo y recubiertos de plástico negro amarrados con alambres. Todo el mundo, y repito, todo el mundo ha pasado ya por allí, políticos de veraneo, paisanos, ciudadanos de pro, jubilados y todos los foráneos que inundan el sudeste en el verano que llega hasta muy, muy adentrado el otoño. Viven el paraíso artificial y cálido almeriense antes de volver a su querida civilización invernal y nadie repara en esta ciudad que también es un paraíso, donde no hay comprar los terrenos, no hay que gestionar los préstamos con los bancos, no hay que pagar a arquitectos, no hay que solicitar licencia de obra con miles de normativas, no hay que pedir licencia de primera ocupación ni hacer las farragosas gestiones para disponer de agua corriente o electricidad. No hay que pagar IBI, es más, no hay que pagar ningún impuesto, puedes aparcar el coche donde quieras y hacer tu casa donde haya un lugar disponible. Y con tranquilidad porque nadie ajeno al núcleo-asentamiento va a hacer nada, ni impedir nada, ni molestar a nadie. Todo se gestiona internamente como el nuevo germen de la ciudad-polis o los primeros asentamientos del hombre. Es o no es el auténtico paraíso. Y es perdurable, con una población siempre creciente, sin que nadie tenga autoridad o no vaya a imponer normas o hacer demagogias marginales, olvidado, ignorado, marginado o mejor dicho, independizado de las infernales urbes municipales y sus pirámides de fracaso administrativo llenas de faraónicos despropósitos. Yo no voy a ir pero ustedes si pueden ir a estudiar como la utopía es posible allí donde no llegan los edictos de los boletines oficiales. Hasta que algún día Caín vuelva a matar a Abel, en aquel bíblico jardín.

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