Utopías posibles

Soñar, hoy más que nunca

Cuando en una escuela se comparten los sueños, suceden tres cosas maravillosas y sorprendentes

En un gran número de escuelas se viene demostrando desde hace años que los sueños son transformadores, que la mejor manera de transformar la realidad es mediante los sueños. Se hace en centros de educación infantil, primaria, secundaria, bachillerato y adultos. En todos los niveles y etapas educativas. En colegios privados y públicos.

Habrá quien piense "¡qué tontería eso de soñar!, lo que hace falta es sentarse a planificar bien las cosas y ver lo que podemos hacer, haciendo un análisis serio de la realidad". Cabría preguntarse en este caso a qué realidad nos referimos. ¿A la del profesorado? ¿la de las familias? ¿la del alumnado? ¿la de la administración? Vivimos en un contexto social muy complejo, donde las realidades se superponen, contradicen e incluso anulan. Si solo planificamos, pensaremos en los recursos de los que disponemos, y las limitaciones aparecen enseguida: no tenemos medios técnicos, no tenemos espacio, no tenemos monitores, no tenemos dinero… con lo que muchas de las cosas que queremos hacer quedan rechazadas desde el principio. El sueño, sin embargo, no admite barreras, de ningún tipo. Todos los sueños son igualmente válidos. Da igual que sean o no sean posibles. Merecen todos el mismo respeto, y deben ser tenidos en cuenta.

El auténtico poder transformador viene del sueño compartido. Cuando en una escuela se comparten los sueños, suceden tres cosas maravillosas y sorprendentes. La primera y más importante, damos con el fondo de lo que cada persona desea para sí mismo, para sus hijos e hijas, para su alumnado. El segundo efecto es que nos hacemos conscientes de cómo en el fondo la mayoría de las personas soñamos lo mismo, o cosas muy similares: ambientes acogedores, medios técnicos, la mejor formación posible, educación en valores, convivencia pacífica… Cuando esto se verbaliza y se comparte, la motivación y el sentimiento de que es posible hacerlo, se ven incrementados. Por último, después de poner en común los sueños hay que trabajar para cumplirlos. Y entonces, aquel medio que no teníamos lo puede aportar la asociación a la que pertenece una madre. Un padre hace de monitor. Nos remangamos junto al alumnado para que nuestros espacios sean más confortables. Unimos fuerzas para que nadie se quede atrás en lo académico y para mejorar la convivencia. Por todo esto, en tiempos difíciles como los que vivimos, soñar es más necesario que nunca.

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