Ciudadano A

Iván Gómez

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Subido al marcador del Jerónimo Rodríguez

Subido al marcador del Jerónimo Rodríguez Subido al marcador del Jerónimo Rodríguez

Subido al marcador del Jerónimo Rodríguez

Eran otros tiempos. El fútbol todavía no se había convertido en un negocio. Y los pueblos eran más o menos prósperos según la categoría en la que militaran sus equipos. Al comienzo de la década de los ochenta vine al mundo y recuerdo que mis primeros pasos fueron sobre el terreno de juego del Jerónimo Rodríguez, feudo y bastión de una escuadra que por aquel entonces se antojaba invencible. El Benahadux, un pueblo de menos de tres mil habitantes, cautivó a los seguidores del fútbol modesto de nuestra provincia y venían a disfrutar de sus memorables partidos desde la capital y otros municipios de la comarca. Su juego, tan vistoso como alegre, deleitó durante varias temporadas a los aficionados almerienses al balompié, lo que propició que los integrantes de aquella legendaria plantilla se fueran incorporando a conjuntos de mayor calado y recompensa. Y en aquel campo de tierra, como la mayoría de los que había antes, disfrutaba los domingos viendo a mi padre marcar. Pero lo que más me gustaba era subirme al marcador del fondo norte y anotar el tanto en el casillero. A veces se anulaban por fuera de juego y seguía la tablita con el número equivocado. Eso sí que era un privilegio al alcance de pocos. Hoy la tecnología no lo permitiría y mucho menos la pandemia. Eran otros tiempos. 

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