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A lo Tío Sam, ¿o a lo Tío Diego?

Los Derechos Humanos son el acuerdo internacional más firmado y menos respetado por gobiernos

Una parte de lo que hace el Tío Sam ya lo sabemos: financiar la contra en toda Sudamérica, intervenir directamente en el asesinato de presidentes democráticos como Allende, colaborar en la aniquilación de catequistas, seminaristas, sacerdotes, obispos y teólogos de la liberación,… por no remontarnos al auto hundimiento del portaviones Maine frente al puerto de La Habana para declarar la guerra a España en el anticipo del final de nuestra era colonial americana. Donald Trump está siendo fiel a la tradición, y sospecho que no va a lanzar menos bombas sobre el resto del mundo que su antecesor -ojalá me equivoque. Lo que sí que ha seleccionado es su puesta en escena: todos los días se desayuna con unos tuits que pocas horas después deja impresos en la firma de actuaciones de su Gobierno. Construir el muro que impida el acceso por la superficie terrestre de México a los EEUU, decidir que los sospechosos de agresión a la integridad nacional puedan acceder o no (¿sospechosos de ser musulmanes?), promover el mercado interior a la vez que reforzar el bilateral con países concretos, recuperar la tortura como método para sacar información a presuntos terroristas…

Hay que ser muy tonto: si el muro tiene una anchura de X metros y una profundidad Y, bastará que nuestro túnel mida, al menos, X+1 metros y baje hasta los Y+1 metros; si no dejas entrar a musulmanes (es decir, a quienes profesan la religión de Mahoma), ¿les vas a hacer preguntas sobre su fe? Sobre economía y terrorismo, no tendremos nada que alegar: opciones como colores en la primera y sobre la segunda… al Tío Sam le salva que no son los únicos que piensan o actúan así.

Los Derechos Humanos son el acuerdo internacional más firmado y menos respetado: cloaca cósmica que absorbe todas nuestras inmundicias, ejemplo total de la hipocresía internacional; valen igual para ponerlos en nuestra boca que para expulsarlos por nuestro ano. Y es que así es la versión actualizada del Tío Sam: ¡el Tío Diego! Es la expresión presidencializada (perdón por el palabro) de una conversación de barra de bar en la que, en el fondo de las personas que discuten, sobresale un "con dos cojones, es que eso es lo que hay que hacer". Así estamos, con una falta de educación terrible. Una falta de educación que está sustentada en la libertad de expresión del ignorante. Parecieran pedir un "gritad con Millán-Astray, ¡muera la inteligencia!".

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