Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Titanes del sarao

El 'eventita' o 'fomo' prefiere cualquier cosa a perderse un acto: es un gladiador social

A los angloamericanos no hay quien les gane haciendo acrónimos y siglas de corte sociológico. A usted, que quizá peine canas o incluso hace años que no usa peine, le sonará más yuppie (joven urbano profesional de los 80 y 90, ambicioso y en el taco prematuro) que yuccie o hípster, que más bien conocerán su hijo o hija: un perfil cuyas iniciales en inglés describen a un joven -o no tanto- creativo y de capital que antepone la calidad de vida al dinero, un rasgo de grandeza que se sustenta en buena medida por el dinero y la casa de los padres y por una vida paralela en Instagram. En las redes son otros. Qué digo: son ideales.

En estos pasados días de pasión, viaje y aglomeración, uno aprecia como algo en vías de extinción a un diminutivo -no es acrónimo ni sigla, pero viene al caso- de gran éxito, capillita, ya un clásico terminológico. Bueno, entre clásico y en extinción, porque ni en los días de precepto ni en las actividades de las hermandades hay ni la centésima parte de público que en las procesiones. Creo que se podría definir a un estadio de individuo procesional más evolucionado que el capillita con algún palabro sugerente: el eventita (sin s, al modo de podemita, para darle un cariz viciosillo o malsano). Al eventita le da igual la naturaleza de la fiesta: una procesión, un congreso esotérico, un círculo vespertino y cultural, una feria o romería, una manifestación, un casting, un partido de la selección, una cola para ver a un actor salir de un hotel. Y vive el evento a muerte, en un gesto de novelería y gregarismo sobresaliente.

Pero ya el inglés y sus neologistas se nos habían adelantado. Según una expresión gringa recién nacida con éxito, en la especie humana hay dos tipos de personas: los fomos y los jomos. Los primeros tienen miedo (de ahí la f, por Fear, miedo) a "quedarse fuera" (Of Missing Out). Los segundos sienten placer y alegría (Joy, de ahí la j de Jomo) por que le cancelen una cita, reunión o evento cualquiera. En esta tierra, a los jomos se los castiga llamándolos raritos. Los fomos, por el contrario, no separan como hace un perdedor la vida del trabajo, y les gusta participar en todo; tienen grandes habilidades sociales, crean redes sin cesar y no se pierden ninguna oportunidad para opinar y salir en la foto. Unos titanes del sarao con causa. Para apuntalar la opinión de este recuadro de hoy, volveremos al siglo XVI y a Blaise Pascal: "La infelicidad de la persona se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieta en su habitación".

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