A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

VERDADES Y MENTIRAS

Quizás, la democracia, tan reciente, y sus exigencias se impusieron solo en las leyes

La verdad y la política se llevan mal incluso en las democracias consolidadas. Cuando Clinton negaba haber tenido relaciones sexuales con Mónica Lewinsky y más tarde decidió recular y admitir que, bueno, algo había habido, su prestigio empezó a mermar. Pero siguió en el cargo porque la sociedad americana miró a otro lado y lo del Me Too no estaba aún de moda. Más tarde vino la guerra en Irak. Y la sociedad americana siguió mirando para otro lado. Al fin y al cabo, se trataba de una guerra, de una situación excepcional, en la que solo importaba acabar con el adversario.

Si esto ocurre en Estados Unidos, podemos comprender la facilidad con que Pedro Sánchez convive con la mentira y la aceptación de esa conducta en nuestro país. La sociedad española carece de anticuerpos para defenderse de estas agresiones y probablemente nunca los ha tenido. Quizás, la democracia, tan reciente, y sus exigencias se impusieron solo en las leyes; quizás no llegaron nunca a las costumbres ni al corazón de los ciudadanos. Lo cierto es que las tragaderas de los americanos con Clinton y con Bush han traído a Donald Trump. Aquí resulta difícil imaginar adónde nos llevará la política de tierra quemada que el Gobierno y sus compañeros de viaje han mantenido falsificando el número de muertos o con la última ocurrencia del comité de expertos. Es posible que cuando lleguemos a nuestro punto de destino, Trump nos parezca incluso un estadista.

Todos los políticos manipulan la realidad para favorecer sus intereses. Pero en otros países, cuando los pillan, se exige la dimisión para guardar, al menos, las formas y mantener la confianza de los ciudadanos. Aquí no; aquí te ascienden. Mentir parece solo una demostración de la fuerza bruta del poder o un rito para mostrar la fidelidad y la disposición a comulgar con ruedas de molino.

Si uno piensa en las expectativas sobre la democracia en los años 70, el aire chapucero de nuestros políticos asusta. Antes, cuando el franquismo llegaba a su fin, a uno le quedaba entretenerse por las noches con las sonoras denuncias de José María García o atisbar algo de la realidad con las noticias de Radio París. Ahora tenemos el whatsapp para entretenernos y, a este paso, terminaremos buscando en el dial una voz que nos diga 'Ici París'. Más que nada porque lo que sí sabemos es que nadie aquí nos lo va a decir hasta que sea demasiado tarde.

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