Vacaciones y paro

Leída la noticia así, te viene a la cabeza el tango que dice '¡Qué vida! Yo a currar y este de farra'

Hace un tiempo el domingo era el día del Señor, y hoy del manifestante. No lo veo mal, porque yo también he sido de manifestarme, aunque como soy más mayor, lo era en día laborable, como se ha hecho toda la vida. Pues bien, hace dos domingos hubo una en El Ejido reivindicando cobrar el paro mientras se está de vacaciones en el extranjero. Leída la noticia así, te viene a la cabeza el tango que dice ¡Qué vida! Yo a currar y este de farra. Aunque, no crean, algo de razón llevan y ese algo viene de la larga tradición del sistema laboral español que alterna trabajo, paro, trabajo con el mismo empresario. Una rotación que, efectivamente, convierte el desempleo en vacaciones pagadas por el contribuyente. No es cierto, sin embargo, que sea una cosa que se ha ocurrido aquí en Almería, por fastidiar al inmigrante. Hay leyes -en este caso dos a la vez, sin miserias- y tribunales. Y no es solo para extranjeros. Si un español, y el caso es real, decide aprovechar su prestación por desempleo para irse dos meses a tratarse ayurvedicamente en la India, cabe que se encuentre con que le retiran el paro. Tampoco es verdad que no te puedas ir más de quince días, como decía. Eso es cobrando. Pero si se comunica antes, una persona se puede ir hasta tres meses, suspendiendo el paro y al regresar reinicia el cobro. Estar recibiendo la protección por desempleo no se convierte en una jaula, ni mucho menos.

Como comparación, para saber cuán de opresiva es esta situación, tenemos que si un residente comunitario se traslada a otro país europeo, para buscar empleo, puede llevarse el paro tres meses, y nada más llegar se tiene que inscribir en sus servicios de empleo. Servicios que en muchos países tienen la desagradable costumbre de llamarte continuamente. Sólo tres meses, porque no vean como se puso Holanda, cuando se quiso aumentarlo a seis. Aseguraban que en tres meses podrían encontrar trabajo a quien estuviera allí.

Como les decía, lo que no cuadra es que nos hemos acostumbrado a este sistema, desde ya los lejanos años 80. A la temporalidad, a salir y entrar del mismo trabajo, al paro convertido en vacaciones retribuidas por el Estado y uno ni se plantea que el desempleo se recibe gracias a la solidaridad del resto de la sociedad con aquellos que queriendo y pudiendo trabajar pierden el empleo. ¿Dos meses de vacaciones en el extranjero es poder y querer trabajar?

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