A Son de Mar

Inmaculada Urán / Javier FornieLes

Vacunas de segunda

Invertir dinero en vacunas mediocres constituye, no cabe duda, un pésimo negocio

Las vacunas son un gran remedio frente a la enfermedad. Son también un negocio gigantesco. Y son, asimismo, una herramienta de control político como los diferentes gobiernos nos muestran cada día. Para entender cualquier información, no podemos prescindir de cualquiera de estos aspectos. Y aun así resulta difícil, porque este virus lleva siempre la mentira en su adn.

No todas las vacunas son iguales, ni garantizan la misma protección ni interrumpen con la misma eficacia el desarrollo de la pandemia. La AstraZeneca, por ejemplo, es la más barata y la que mejor se conserva y se transporta. Pero también provoca mayores rechazos, proporciona menos inmunidad y no garantiza -esto es importante- que no sigamos contagiando a los demás. Los gobiernos la administran con alegría para presentarse rápidamente como salvadores y nos venderán pronto otra nueva y baratita: el negocio y la propaganda mandan. De hecho, las vacunas menos eficaces ya se han distribuido sin que los partidos o los sindicatos hayan levantado, por cierto, ni siquiera la ceja. Por ahora, la inmunidad no sabemos si la vamos a conseguir. Pero lo del rebaño parece plenamente asegurado.

Invertir en vacunas mediocres constituye un pésimo negocio. Nuestro país, que depende claramente del turismo, camina directo a una crisis de proporciones desconocidas. Por mucho que cuesten las vacunas fiables, siempre resultará más caro 'ahorrar' y dejar que las pequeñas empresas, los negocios o los hoteles se arruinen. Más vale que Europa, como ha hecho Israel, concentre los recursos en aquellas que están testadas y contribuya a acelerar su producción en vez de pagar experimentos dudosos.

¿Y mientras? ¿Merece la pena ponerse una vacuna mediocre o es mejor esperar? Parece que es mejor aceptarlas, pero tampoco lo sabemos con seguridad. No faltan las voces melosas y 'autorizadas' que, en vez de callar por prudencia, cantan sus excelencias. Eso sí: son las mismas voces que aún no saben cuántos muertos ha habido o que tardaron un año en reconocer que el virus se trasmitía por el aire. Le daremos un consejo a los Simón, los expertos y los organismos varios que tanto recomiendan aprovechar las vacunas con peores resultados. No hace falta que gasten tanta energía en convencernos. Bastaría con que predicasen con el ejemplo y se la pusieran ellos mismos. Sencillo, ¿no? Aunque claro: "Consejos vendo que para mí no tengo".

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