Verónica

Si en 2020 y 2021 la palabra estrella fue "resiliencia", hagamos que la del 2022 sea "unidad".

No pertenezco a las generaciones que pudieron disfrutar plenamente de la Verónica Forqué de Trueba, de Almodóvar, de Colomo y de Berlanga; de la Verónica Forqué que ganaba tres premios Goya en tres años; de la Verónica Forqué que iluminaba la pantalla con una preciosa sonrisa y una apariencia que transmitía serenidad y humanidad, pero, seguramente, su muerte me ha causado el mismo impacto que a muchos de los que sí lo hicieron. Y esto me apena enormemente porque, en gran medida, se debe al hecho de que un programa de televisión no tuvo reparos en traérnosla a nuestro presente como un mal recuerdo de su pasado. Parece que su participación en MasterChef se debió, fundamentalmente, a necesidades económicas y su larga historia con la depresión era bien conocida y compartida con la intención y esperanza de visibilizar esta impía enfermedad del alma (así, por ejemplo, se pronunció en un foro sobre depresión celebrado en 2020: "Tenía una angustia tremenda, pero no sabía por qué estaba tan mal. Si de una depresión no llegas a saber la causa -aunque te cures con los antidepresivos que te sacan de ahí, son mano de santo-, nunca terminarás de salir. Es esencial saber por qué quieres morirte cada día cuando abres los ojos por la mañana") pero, a pesar de que en ella se daban estas explosivas circunstancias, fue elegida para participar en un programa exigente, competitivo, altamente emocional y ávido de polémica. ¿Qué podía salir bien?.

Y fue ella misma la que acabó apartándose de los focos; "Necesito descansar, no puedo más", fueron sus palabras de despedida. Y, así, se fue del programa y de este mundo. Descanse en paz. En el año 2020, se suicidaron 70 almerienses, un 25% más que el año anterior. 70 de nuestras familias destrozadas y 70 penosas muertes que, en realidad, serán más pues habría que añadirles los intentos de suicidio ya que, en quienes lo intentan pero no lo consiguen, la muerte ha hecho también su trabajo, si bien, en estas ocasiones, esa vida que tanto les pesa nos ha regalado al resto la oportunidad de ayudarles a resucitar lo que yace muerto en su interior. Si en 2020 y 2021 la palabra estrella fue "resiliencia", hagamos que la del 2022 sea "unidad". Seamos uno, sintámonos parte de una comunidad históricamente fuerte que hoy nos necesita, exploremos nuestras posibilidades para ayudar y ayudémonos de todas y cada una de las maneras que podamos y sin que nada nos parezca poco o innecesario. Todo apunta a que vienen tiempos difíciles, pues esperémoslos unidos. Nuestros mayores saben bien como ayudarse, no tuvieron más remedio que hacerlo cuando el respeto entre iguales se perdió y la locura de una guerra civil llegó a sus vidas, así que oigámosles y aprendamos de ellos para hacer de este país el mejor país donde nacer, afrontar una enfermedad, desarrollarse como persona, tener hijos y cuidar de nuestros mayores.

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