La tapia con sifón

Vino a granel

Parece ser que a los consumidores jóvenes no les gustan tanto los vinos de gran extracción de color y taninos

El vino a granel dominó el consumo durante siglos. Sólo algunos potentados podían comprar botellas de las zonas en las que se embotellaba: Jerez, Rioja, Champagne, Burdeos, Borgoña y pocos más. Todavía a mediados del siglo pasado, cuando pedías un vino, el camarero preguntaba: "¿De la casa o rioja?". El de la casa, en Almería, era blanco manchego, clarete alpujarreño o tinto de Jumilla. Todos a granel, por supuesto. Y "bautizados", porque venían con muchos grados para que aguantaran sin avinagrarse, y los bodegueros, mirando por nuestra salud, los rebajaban con agua. La generalización del vino embotellado trajo consigo el desprestigio del vino a granel. Una muestra más es que el Consejo Regulador de Jerez ha conseguido que los juzgados prohíban la venta de sus vinos en "bag in box", que es un saco flexible dentro una caja de cartón; el saco se comprime conforme se saca el líquido y no entra el aire, con lo que el vino no se oxida y se conserva mucho mejor. La D.O. jerezana se equivoca. No sólo por la razón antedicha, sino porque la tendencia mundial apunta a un incremento del consumo de vinos de calidad en ese formato. Desde hace unos veinte años los pubs ingleses apostaron por el keg wine (vino de grifo), y es habitual encontrar en ellos tempranillo manchego, chardonnay borgoñón o syrah australiano. Hace también algunos años que los países escandinavos comenzaron a demandar ese envase. Los aficionados a la navegación, tan abundantes en esos países (y en tantos otros, no en España a pesar de tener tanta costa), llevan vinos de calidad a bordo y el "bag in box" es ideal para soportar el mareo marino. En estos momentos en Suecia se vende casi el 90% del vino en este envase, y en Noruega alcanza ya el 60%. La tendencia ha llegado a Norteamérica y muchos bares han apostado claramente por esta forma de servir el vino. Los jóvenes estadounidenses y canadienses están consumiendo cada vez más vino y prefieren estos envases más vanguardistas y rupturistas en vez de la clásica botella. No parece acertada la decisión de los jerezanos.

Por cierto, parece que a esos consumidores jóvenes no les gustan tanto los vinos de gran extracción de color y taninos, de moda durante mucho tiempo "gracias" a Robert Parker, y prefieren vinos más afrutados, con menos madera y otras sensaciones. A ver si cunde la moda.

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