El 3 de diciembre amaneció como siempre. El mismo tráfico, el mismo olor a café en los bares abiertos. Las noticias, además, traían otro "como siempre".

Después de las elecciones, la izquierda almeriense concluía la necesidad de reflexionar. Una vez más la reflexión es que hay que reflexionar.Del análisis de Adelante Andalucía solo entendí la palabra fascismo. Vox está más cerca de la Alt-Right americana y la derecha populista que triunfa en Europa, que del "todos fachas". Los líderes de Podemos han prestado más atención a la idea de las naciones del Estado que a la clase social, mientras sus potenciales electores son más clase -Almería es la quinta provincia en tasa de paro- que nación.

Para los socialistas su reflexión incluiría responder a cuál es su suelo electoral, ese desde el que tomar impulso, y va ya por el sótano 2. En las generales de 2011, fue el peor resultado hasta la fecha. Lo mismo pudo decirse en diciembre 2015, junio 2016 y ahora mismo. En cada una se concluyó lo importante que era reflexionar. Pueden dejarse llevar por el fatalismo del somos una provincia de derechas, o preguntarse por su alejamiento de la realidad, la falta de olfato y el análisis erróneo.

Bajaremos votos, pero como la derecha está dividida, se repartirán los votos y con la llegada de Vox, más a repartir. Así, sin movernos, quedaremos primeros y dejaremos de ser la provincia azul en el mapa rojo. Perdieron dos diputados y son segundos. Hasta la forma de hacer campañas queda un poco rancia y desganada en el PSOE. No he visto a Vox, el partido que nos hizo salir en el telediario, repartiendo fotos de su líder en los mercadillos. Esto es lo único que he visto en los socialistas. Vox usó lo que tenían a mano -whatsapp- para trasmitir mensajes que se hicieron virales y llegaron a la peluquera de Campohermoso.

Así supo que no ponen cerdo en el comedor del colegio del niño. Su voto vale lo mismo que el de un catedrático de la UAL. Solo que hay más peluqueras que catedráticos. Fragmentado en etiquetas que solo ellos comprenden -susanismo, sanchismo- y que en cada ocasión excluye a la otra parte, se convirtió en una caja de resonancia en la que solo escuchar su complaciente análisis y todo fue un repartir fotos de la líder y recitar con cierta adoración servil su nombre.

En los vídeos de los mítines solo entendías Susana, con Susana, (a un paso de gritar Bravo, Susana, gracias por existir) ¿Qué otro mensaje llegó al elector? Queda tanto por reflexionar que, mejor, lo dejamos y así habrá algo que decir tras las municipales: tenemos que reflexionar.

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