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YONQUIS DE LA CONTRADICCIÓN

Siempre hay un interés detrás de sus palabras, inherente a sus gestos. No suelen dar puntada sin hilo.

Lea y apunte. Las aparentes contradicciones suelen esconder en ocasiones verdaderos intereses. El origen de cualquier contradicción, según se mire, puede ser tan variado como mentes existan pensando sus causas. Acaso aparecen en escena por pura ignorancia, la típica del charlatán o bocazas que desconoce el dicho de aquél que valía más por lo que callaba que por lo que hablaba. El ejemplo claro suele ilustrarlo la narrativa, como en la famosa obra de Tolstói llevada a las pantallas, Anna Karenina, donde a la protagonista no le gustaban las contradicciones, el que no se saltara continuamente de un tema a otro, sacando a colación argumentos nuevos que no tenían relación entre sí, de manera que no se sabía a cuál responder. Se da también en las personas que se caracterizan por ser cortas de palabra, aquellas que, a diferencia de los anteriores, no hablan por no pecar.

Por último, y en donde centramos el tiro hoy, están aquellas otras contradicciones que pueblan las mentes poco limpias y amohecidas de los yonquis de la estrategia y la turbiedad. Seguro que conocen a alguno, incluso me atrevería a decir que a muchos de ellos. Proliferan como las moscas, por desgracia. O tal vez es que están agrupados, y se suelen agrupar en piaras. No hay ocasión desperdiciada, no desaprovechan la mínima oportunidad que cualquier situación les ofrece, para maquinar sobre su próximo objetivo. La negación de lo que dan por cierto no es casual, por supuesto que no. Siempre hay un interés detrás de sus palabras, inherente a sus gestos. No suelen dar puntada sin hilo.

Por ello, es buena ocasión para negar, al menos en parte, lo que decía al respecto un científico francés, Blaise Pascal. Este buen hombre, allá por el siglo XVII, vino a dar por sentado aquella famosa frase de que ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta contradicción es indicio de verdad. Muy centrado en su quehacer diario, la ciencia, si hubiera viajado unos siglos después, o no, y conviviera en la jungla que es hoy nuestra sociedad, seguramente hubiese modificado la primera parte de su aserción. Muestras de la afirmación de la negación de dicha aserción, las hay. La prensa escrita, y la televisión, suele ser un buen escaparate. Política y sociedad, el espejo donde mirarse. Termino, esperando que estas líneas no les hayan supuesto una contrariedad. Al menos por las causas indicadas.

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