El auge de los opinantes

Ya no es raro el día en que las firmas de paisanos civiles superan a las de los profesionales del periodismo

Espero no ser el único en advertir un inusual incremento de opinantes, no periodistas, durante los últimos años, en este Diario de Almería, donde ya no es raro el día en que las firmas de paisanos civiles superan a las de los profesionales del periodismo. Un fenómeno que parece ir a más y a consolidarse ya que ofrece, al gusto de no pocos lectores, más luces que sombras. Hablo de luces porque la multiplicidad de voces, lejos de generar indeseables cacofonías, enriquece perspectivas sociales dentro de un espectro mediático de suyo ideologizado y, por ende, a menudo cínicamente acaparado por cabeceras vasallas, poco objetivas y nada imparciales. Y algunas sombras también hay, porque, como en toda concurrencia colectiva, existen, más allá de las discrepancias lógicas, otras disimilitudes ostensibles en el rigor reflexivo sobre lo que se opine, algunos acaso por amiguismo doctrinario y otros asumiendo criterios sobre los que no se tiene suficiente información o pericia. Supongo que es inevitable, dentro de ese hábito, tan hispánico de reconocer que de mucho no se sabe, pero …, ¡se pontifica de todo! (cfr. Diaz-Plaja en el español y sus "Siete pecados capitales").

Un riesgo acaso dispensable, en pro del auge de opinantes civiles que, en este Diario, nos fuimos incorporando desde su edición para compartir reflexiones privadas con el paisanaje, conformando, como decía, una variada sinfonía azarosa, heterogénea y representativa de las distintas sensibilidades ciudadanas, dada la presencia de artistas, médicos, escritores, militares, arquitectos. juristas, etc., con una última, y notabilísima, agregación de docentes y universitarios que, mejor o peor, intentamos diseccionar la realidad social, aportando cada uno un poquito y entre todos todo un festín tertuliano tan generoso como ameno, nada extraño cuando expertos e intelectuales se esfuerzan en arrojar algo de luz sobre las cosas de la convivencia, a fuer de dedicar cada cual parte de su tiempo a tejer alguna reflexión digna de interés. Los resultados serán aleatorios, cómo no, pero si los sopesan en su conjunto confío que aprecien una dimensión polifónica y gratificante del empeño, siempre plausible, por mejorar nuestra socialización cultural. Y por honrar, además, una idea de madurez cívica, inherente al objetivo de consolidar una "democracia participativa", que nos rescate de la pereza egotista, tan crónica por estos lares.

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