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De Reojo

José María Requena Company

Los bárbaros del Norte

Luis Racionero falleció el 8 de febrero y le debía un modesto homenaje por tanto como me ilustró

Me encandiló. El elenco de ensayos que publicó Luis Racionero en 1976 bajo el título de "El mediterráneo y los bárbaros del norte", me abrió una dimensión cosmopolita insólita sobre este país entrañablemente cateto donde crecí y, querría creer, donde maduré, gracias a gente como Racionero. Un libro descatalogado que aún rastreo en las ferias o librerías de viejo y cada ejemplar hallado se convierte en regalo infalible y singular. Porque singular fue el designio, desde la dicotomía misma del título, provocadoramente maniqueo, de clarificar algunas de las claves biocatalizadoras que entretejieron el genoma de las dos Europas. La del Norte materialista, opulenta e industrial, en contraste con la del Sur del ocio social y creativo, de valores epicúreos, pobre en recursos tecnológicos pero hospitalaria. Refractaria al individualismo economicista y deshumanizador, exportado en alas del calvinismo a Norteamérica a mayor gloria del consumismo masivo, tan satisfactor de pulsiones primarias, como ingrato al refinamiento cultural. Luis falleció el pasado 8 de febrero, en pleno estallido pandémico y le debía un modesto homenaje por tanto como me ilustró, aunque el resto de su obra, acaso con la excepción de "El progreso decadente", editada en el 2.000, nunca superó, a mi gusto, aquella irrupción inicial. Y viene al pelo este elogio a Racionero y a sus lúcidas dicotomías civilizatorias, ante la bronca política a cuenta de los eurobonos para financiar la crisis vírica tronante, que el gobierno holandés, aleado por Alemania y sus convecinos, descarta emitir, por el riesgo de pechar luego, en comandita, con la deuda sureña derivada del Covid-19. Olvidando así que, para salvarles de la crisis de 2008, solo por España, se asumieron en 2015 más de 26.000 millones, incobrables, que Grecia adeudaba a la banca nórdica, a causa del loco consumo fomentado para abrir mercados. Olvidando que este Sur deficitario les soporta, ay, sus desleales ingenierías fiscales, que merman nuestros ingresos y enriquecen a sus empresas. Olvidando, en fin, que su riqueza también depende del Mediterráneo y que de esta crisis global o salimos, arduamente, juntos o regresamos, de consuno, a la barbarie tribal. Qué razón tenía L. Racionero, al advertirnos cómo ganaríamos todos, si ellos, los nórdicos, copiaran del Mediterráneo su cultura solidaria y nosotros la eficacia del Norte. Que no son hoy ideales incompatibles.

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