Las barbas blancas y crecidas, han ido asociadas a personajes selectos, bien de la cultura, bien del poder o bien de la milicia. Mientras que las de la milicia eran bien perfiladas, las de la cultura eran más desaliñadas. A mí siempre me cayó bien la barba de S.M. el Rey Melchor: frondosa y nívea. Me inspiraba tranquilidad y afecto y tengo la suerte de tener una foto de hace más de 60 años, con él en el Paseo. De hecho, se me ve muy formal y muy tranquilo. Normalmente le hablaba pausado al niño que tenía a su vera. Como tienen buena memoria, se ve que recordaban la fidelidad que yo le tenía de niño e hizo con mi hijo mayor lo que no había hecho conmigo nunca: honrarnos con una visita a nuestra casa, en la que estuvieron hablando mi hijo y él un buen rato, que gracias a una foto con Polaroid quedó testimoniada. Gracias a la foto mi hijo se convenció de que Melchor le había entregado los regalos y su recuerdo no era fruto de un sueño. Y como Melchor era mayor, hizo el esfuerzo de ir ayudándose para caminar con unas muletas.

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