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Comunicación (Im)pertinente

Francisco García Marcos

La comunición inherente de los números

Al final la comunicación de los números siempre emerge y pone a cada cual en su sitio

El conocimiento y la tecnología no son ni buenos ni malos. Dependen del uso que se les dé. Tanto es así que un mismo instrumental ha servido a fines maravillosos o perversos, según haya sido empleado. Los hornos crematorios nazis y el micro-ondas están sustentados en el mismo principio, incluso los ha fabricado la misma empresa. En una ocasión recordé esto durante una conferencia muy solemne, presidida por una consejera, no recuerdo con exactitud de qué ramo. Al finalizar se mostró incómoda por el ejemplo. Y yo me molesté por esa invitación a ignorar la realidad tal cual literalmente ha sido.

La estadística es un remedio excelente para prevenir esas malas inclinaciones. Los números disponen de la capacidad para formalizar la realidad mediante un lenguaje que no admite demasiado margen para la subjetividad. Es cierto que no lo abarca todo, que hay una parte objetiva que escapa a sus mediciones. Pero, con sus restricciones incluidas, delimita un foco nuclear sobre los problemas y los presenta parametrizados. Por supuesto, queda abierta la posibilidad de adoptar varios puntos de vista, de subrayar más unas cosas que otras. Pero, al final, siempre permanece ese eje central que posee una comunicación inherente, hermética y blindada frente a las manipulaciones de sus usuarios.

Aunque no deja de haber excepciones, o al menos intentos de que las haya. En esa absurda guerra que mantiene Díaz Ayuso con el Gobierno, la Comunidad se ha dedicado a enviar datos diarios de contagios y muertes falsos, sistemáticamente por debajo de las cifras reales. Por supuesto, de inmediato se han convertido en la supuesta evidencia de la discriminación gubernamental hacia los madrileños y, de paso, también en una justificación a sus pretensiones de trasvase de fase de confinamiento. Solo que al final los balances semanales no cuadraban con las sumas de los reportes diarios. Luego, algo se había perdido por el camino. El foco de la información numérica no podía ser alterado. El ardid terminó en todos los medios de comunicación nacionales. En tiempos de pandemia mundial no se juega con informaciones fundamentales para hacerle frente. Pretender hacerlo manipulando números no deja de ser una forma de inmolación pública. Al final la comunicación de los números siempre emerge y pone a cada cual en su sitio. En el caso de Díaz Ayuso la deja con un pie dentro del bosque oscuro de la inmoralidad más abyecta.

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