La depredación superflua

Nuestra tontería nos arrasará como especie, verdaderamente superflua para la totalidad del cosmos

Hace unos días, un amigo con trazas de sabio me dijo que el virus era un aviso para esta sociedad del bienestar, tan tonta, tan pija y tan esclava de lo superfluo; tan ridícula, estúpida y banalmente consumista. Y tiene toda la razón. La aparición de este virus- y de los futuros- es producto de la basura y putrefacción que nuestra voraz depredación del planeta genera. Nuestro sistema productivo-económico, construido sobre la depredación y destrucción de la naturaleza y sus recursos, es totalmente insostenible y nos dirige hacia la autodestrucción. Pero lo más grave del asunto es que, como sistema de organización para la vida en sociedad, es absolutamente absurdo e innecesario, literalmente irracional y gratuito. Esos son sus atributos por estar levantado desde la ambición irrefrenable de nuestra condición, que antepone siempre el crecimiento y riqueza individuales a la lógica, al bien común y a la salvaguarda del medio físico. Es una locura que, como sociedad, hemos asimilado e intelectualizado como necesaria y hasta bondadosa, quizá también porque los intereses del poder han sabido controlar -desde siempre- los canales de comunicación gubernamental y mediática pervirtiendo su verdadera función y usándolos para difundir su perverso mensaje de falsedad y negacionismo de la evidencia. La mejor forma de vida y el bienestar que nuestra especie tiene con respecto a las restantes de la naturaleza están construidos sobre la depredación de éstas y sobre la destrucción sistemática del medio físico que es común a todas. Así de sencillo. Y esta depredación y destrucción no puede salirnos gratis pues, en su acción y desarrollo, genera un volumen ilimitado de residuos y porquería. Nuestras moradas, nuestras burbujas habitables, son cada vez más cómodas y más salubres, pero a costa de inundar de mierda el exterior circundante. Y nuestra mierda acabará destruyéndonos, sin remedio. No sirve de nada -para frenar a un virus- confinar en cápsulas a individuos contados y seguir manteniendo todas las superestructuras de la sociedad capitalista productiva, seguir depredando como si no hubiera un mañana. Que ilusos somos. Vendrán otros virus y otras pandemias, cada vez más frecuentes y mortíferos. En la naturaleza -como bien atinaron a observar Goya y Buñuel- no existe la misericordia, la menor ética. Estamos sentenciados. Nuestra tontería nos arrasará como especie, verdaderamente superflua para la totalidad del cosmos.

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