Volvamos la vista atrás un momento y vayámonos a las navidades de 2019; ¿qué le diríamos a quien, en una de aquellas cenas familiares que tanto echamos de menos, nos animara a aprovechar la noche disfrutando intensamente los unos de los otros porque en menos de 4 meses íbamos a estar encerrados en nuestras casas; las calles, los parques y la playa se iban a cerrar y con ellos los centros educativos, las oficinas y nuestros negocios; no nos iban a dejar ver a las personas que estuvieran en residencias; los médicos de cabecera nos iban a atender por teléfono, si te ingresaban ibas a pasar el ingreso solo y muchas cirugías programadas se iban a cancelar; las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado iban a tener que denunciarnos si salíamos a la calle para evitar perder la cabeza o escapar del infierno que tuviéramos de puertas para adentro y, lo más triste de todo para mí, iban a morir seres queridos y no nos íbamos a poder despedir de ellos?... Pues, con mucha seguridad, le diríamos que él si que ha perdido la cabeza y que eso solo pasaría sobre nuestro cadáver.

Pero toda esa locura llegó, duró meses y aún hoy, más de un año y medio después, quedan numerosos rescoldos que nos siguen haciendo vivir con limitaciones que afectan, principalmente, a un aspecto absolutamente esencial de la naturaleza humana, sobre todo en las edades más tempranas y en los últimos años de nuestra vida: la sociabilidad. Necesitamos a los demás, estar entre ellos, conversar con ellos, trabajar con ellos, sentir con ellos, porque eso es lo que nos hace humanos, nos da vida y nos permite disfrutarla.

Por esto, y por todo el dolor, el desconcierto y la rabia ya acumulada, comentarios por medios de comunicación como el siguiente, aparte de exceder todo limite sobre el respeto a la libertad y a la propia estima de los demás, causan a la sociedad un daño mucho mayor que el que se supone intentan evitar, y no deben de producirse: "La gente que no se quiere vacunar, lo digo de verdad, conozco gente supuestamente inteligente, o yo creía que eran inteligentes hasta este momento, que no se están vacunando. Los vacunados tenemos que empezar a ser muy serios con amigos o familiares: '¿tú no te quieres vacunar? De acuerdo, pero yo no te voy a ver".

¿Qué pretende quien manda un mensaje así?, ¿no se da cuenta que está llamando a romper familias, amistades o parejas, y favoreciendo que en este país se acaben creando dos bandos altamente enfrentados?.

Ahora mismo en el mundo ya hay países en los que la paz social comienza a agrietarse precisamente por los intentos, o ya mandatos, de vacunación obligatoria y, tristemente, cuando la paz social se rompe lo hace en mil pedazos.

La propia OMS rechaza la obligatoriedad de las vacunas frente a la COVID-19 y nos pide que sigamos siendo prudentes, así que vayamos por esa vía y mantengámonos unidos para afrontar el mundo que viene.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios