Un día de Universidad en la UAL

[Doña Soledad y don Emilio transmitieron que los seres humanos somos biología que respira cultura

Hace unos días, tuvimos en la Universidad una de esas coincidencias que, por inusuales, resultan harto más reconfortantes: "omnia praeclara rara", todo lo excelso es infrecuente. Por la mañana fue don Emilio Lledó; por la noche, doña Soledad Giménez. Gracias a sus intervenciones, la Cultura nos cobijó bajo sus alas y nos ofreció el presente de un respiro y una perspectiva, un descanso y un horizonte.

Habló don Emilio de cómo una Universidad posibilista, reglamentista y burocratizada acaba acartonándose y degenerando: aunque se refería a la que abandonó al partir de la España de los años cuarenta para buscar el conocimiento en Heidelberg (siguiendo aquella máxima senequiana de elegir al sabio al que puedas considerar tu maestro), me llevó a pensar cómo se nos está convirtiendo en algoritmos de docencia mientras los burócratas se erigen en árbitros y censores de nuestro trabajo, del que poco saben porque no lo ejercen. Me quedé con la idea de que no está bien educada una generación que confunde la instrucción con la enseñanza y olvida el aprendizaje. Recio en sus ideas, comedido en el gesto, profundo en el pensamiento y pulcro en la expresión, consiguió que, al terminar el acto, saliéramos todos convencidos de que podemos ser mejores personas. Universidad en estado puro. Por la noche, doña Soledad nos regaló una voz que, lejos de agrietarse con el paso de los años, ha asentado sus cualidades y ampliado sus horizontes para regalarnos la armonía con la que vibra un grupo de personas dispuesto a sentir en común. Acompañada por la Big Band de la Universidad (¿para cuándo ese homenaje que como pocos y más que muchos merece Pablo Mazuecos?), revivió antiguas canciones, recuperó del olvido a compositoras ocultas tras la voz de los cantantes, nos demostró con su repertorio de aquí y de allá que los pueblos hispánicos tenemos en común la cultura y que esa comunidad se cimenta en la experiencia compartida, no en la histérica reivindicación de balas, duelo y sangre. Universidad en estado pleno.

Doña Soledad y don Emilio nos enseñaron que los seres humanos somos biología que respira cultura. Ante personas como ellos, recuerdo a Cicerón y su idea de que todos los saberes de la Humanidad están emparentados. Una buena enseñanza universitaria, más allá de reglamentos, procedimientos y falsos criterios de calidad: la sapiencia y la experiencia hechas faros que iluminan el futuro.

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