¡qué difícil!

Miraba extasiada el horizonte, donde el cielo se iba tornando de un rojo salvaje, como si toda la tierra se hubiese incendiadoSon 10 meses yéndonos a dormir con la esperanza de que ese dia se convierta en el día del comienzo del fin de la pandemia

Qué difícil se hace no caer en la tristeza, cansancio y apatía de las que está hecha la estela de este virus que nos regaló el 2020!. Y es que esto se parece cada vez más a un mal sueño, ¿o no?. Vayámonos a hace solo 2 dias, al pasado jueves, cuando prácticamente seguíamos celebrando el comienzo de la vacunación y los periódicos nos estaban esperando con la noticia de la detección en EE.UU de dos nuevas cepas, una de ellas aún más contagiosa que la, ya más contagiosa, cepa del Reino Unido que, como informa la OMS, fue detectada en una investigación iniciada a principios diciembre tras un aumento inesperado de los casos en el sudeste de Inglaterra.

Y es que son ya 10 meses yéndonos a dormir con la esperanza de que ese dia que vamos a dejar atrás se convierta en el día del comienzo del fin de la pandemia pero despertándonos con la noticia de nuevas cifras récord en algún país, o en varios, de nuevas olas, de nuevas cepas, de nuevas restricciones, de nuevas situaciones sociales, laborales y económicas críticas, de nuevas desigualdades, de nuevas pérdidas; Ya 10 meses de no poder darnos por vencidos, de tener que seguir bailando aunque nadie quiera bailar con nosotros, de resignarnos y de tener que renovar fuerzas continuamente para ser capaces de esperar sin desesperar y cambiar sin desdibujarnos… Un reto tan difícil como necesario de superar.

10 meses y sumando. 10 meses y adaptándonos serenamente a una nueva forma de vivir que nos desconcierta, que no nos sirve, que no nos gusta, que no nos la podemos permitir y para la que nadie pone fecha de final. Y, sin duda, una de las grandes causas de esta, hasta ahora, serena adaptación está en la parte digital de nuestro mundo. La hiperconexión de la que disfrutamos las personas en este momento de la historia gracias a la tecnología nos ha permitido suplir gran parte de las carencias afectivas y humanas que trae un episodio de limitaciones sociales como el que estamos viviendo y ahí, en esa inagotable y creciente vía de escape, nos situamos cada momento en el que las ganas de vernos nos vuelven, cada vez que el miedo nos pide información, cada vez que nuestros proyectos se asoman a nuestro pensamiento, cada vez que la ansiedad toca a nuestra puerta. Somos seres sociales y las redes sociales e internet nos han calmado la sed de otros y,con ello, se han convertido en los verdaderos ganadores de esta crisis porque, no olvidemos, que la información que llevamos al mundo en línea es un pago en especie a las empresas de internet y de redes sociales. "Hay empresas que utilizan la información que voluntariamente ofrecemos para lucrarse o incluso la venden a los gobiernos, quienes se sirven de ella para adquirir más influencia, De nuevo, debemos distanciarnos. Comprender que no es posible evitarlo por completo pero que es necesario establecer límites" (Anne Applebaum en el Foro Telos 2020).

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