La Mirada Zurda

La dignidad de lo cotidiano

La dignidad es, en parte, un conflicto por ser quienes somos en contra de lo que nos dejan ser los demás

Hay tantas teorías sobre la dignidad que no habría espacio en este artículo para darles cabida. Por eso voy a centrarme en lo diario, en la rutina, en el dia a dia alejado de los grandes principios e ideas - lo que no implica que sea menos profundo-. El común de los mortales se conforma con muy poco para sentirse digno. Al menos con un poco de respeto y reconocimiento. El respeto viene de tu círculo cercano, ya sea familiar o no. Y versa de un trato reciproco y de afirmación de la memoria. Hay unas experiencias que no pueden olvidarse por parte de los que olvidan a menudo ciertos momentos y que ponen en peligro el futuro de una relación humana, o un trabajo, o un status. Por eso es justo el respeto para quien se ha ganado o merecido el mismo. Y a su vez es necesario que el merecedor lo reivindique. Todos somos acreedores de un respeto, en mayor o menor media, aunque solo sea por eso de la condición humana. Además el respeto tiene mucho que ver con la identidad personal. Que te garanticen quien eres permite que seas plenamente. No obstante, el reconocimiento es otra cosa: un acto de humildad de quien te observa. Tal vez aquí está la empatía. Los observantes de nuestra vida deben aceptar lo poco o mucho bueno que hagamos sin restarlos o ningunearlos, tan solo porque se trata de la verdad. El reconocimiento también es esencial para mantener, como acabamos decir, la identidad. Lo que somos se forja con ese reconocimiento del que también somos acreedores. No tenerlo lleva a la frustración y a la inmoralidad; es más, premiar a quién no se lo merece es indigno y abominable -tan execrable como no premiar a quien se ha ganado dicho merito-. Esto último conduce al terreno de la doble moral en el que los habitantes de este terruño estamos curtidos en experiencia. La dignidad finalmente es un estado, consecuencia del respeto y el reconocimiento, que garantiza la identidad. Al margen de los grados o niveles, la identidad es lo que se intenta poner a salvo: lo que somos o lo que deberíamos ser, siempre en el conflicto por lo que los demás dejan que seamos. Todos estamos inmersos en ese drama en realidad, en esa tragedia de tratar de ser y tratar de que nos dejen ser, ambicionando conseguirlo para sentirnos dignos, llenos, plenos de lo esencial. Y en ese trámite ser oído resulta muy reconfortante. Por eso te doy las gracias querido/a lector/a.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios