Crónicas Levantistas

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

El dulce sabor de la venganza

Hay que reeler los mensajes de dirigentes de Ciudadanos cuando Hervías se marchó sin anunciar que se iba al PP: ola de aplausos

Juan Marín ha saboreado el dulce sabor de la venganza. Hace meses que Fran Hervías y sus acólitos naranjas iban con la teoría de que Marín, vicepresidente del Gobierno andaluz, y Luis Salvador, alcalde de Granada, estaban a un paso de fugarse al PP, de ahí las magníficas relaciones que guardan el sanluqueño y Elías Bendodo. Hervías fue el único cargo de la anterior cúpula ejecutiva de Albert Rivera que se quedó en Ciudadanos aunque sin el puesto, pero consiguió que el Parlamento andaluz le nombrase senador de designación autonómica y quien hoy es su esposa fue nombrada adjunta al Defensor del Pueblo de la Comunidad. No ha tratado mal Andalucía a este hijo de guardia civil granadino.

Hervías es un tipo listo. Fue una suerte de director de recursos humanos del partido; fichó y descartó con acierto y, luego, promocionó a su clientela allí donde Ciudadanos tenía gobiernos, daba lo mismo que el puesto de Jaén lo ocupase un tipo de Alicante, que este partido no cree en los provincialismo. Hervías le había puesto la proa a Marín, y ahora es él quien se pasa al PP, se lleva a unos cuantos tránsfugas en el paquete y ayuda a abortar la moción de censura de Ciudadanos en Murcia.

Lo que ha hecho es indigno, no por la fuga, sino por el engaño y la malicia con los que se ha ido. Pablo Cambronero era un policía nacional raso cuando Fran Hervías lo descubrió, lo elevó y terminó de diputado en el Congreso por la provincia de Sevilla. Ha dejado Ciudadanos y se ha marchado al grupo mixto, aunque no entrega su acta de diputado. Motivos ideológicos objeta su señoría, pero su compañera de escaño Marta Martín lo ha dejado en evidencia porque se va del partido y entrega el acta.

Juan Marín no es Kissinger, su locuacidad le lleva a contradecirse en un mismo día, pero de ésta ha salido fortalecido y con bastante razón. Hay que releer los mensajes de dirigentes y militantes de Ciudadanos el día que Hervías dimitió de senador, pero se calló lo del PP. Pedazo de ola que le hicieron, hasta en eso los engañó.

Inés Arrimadas ya sabe cuál es la fuerza telúrica con la que se imprimen los odios internos dentro de los partidos. Lo de Murcia falló, entre otras razones, porque la vicepresidenta, ahora tránsfuga, se llevaba fatal con quien iba a ser la presidenta de la región. Juan Marín ha entrado en la permanente de Ciudadanos, el piñón del partido, pero la jerezana también ha colocado, a la vez, al malagueño Guillermo Díaz, que es una de las esperanzas de quienes no son marinistas. Díaz es el adjunto al onubense Edumundo Bal, sacrificado para evitar un match point mortal.

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