El callejón del gato

Ser español

Puedo asegurar que la ley no contempla que se adquiera yendo a los toros, ni llorando en una procesión

Según el párrafo primero del artículo 11 de la Constitución de 1978, "la nacionalidad española se adquiere se conserva y se pierde de acuerdo con lo establecido por la ley". La más común y principal que establece la ley es la nacionalidad de origen que la poseen todos los nacidos de padre o madre española. Existen además otras maneras de obtener la nacionalidad española sobre las que ahora no es cuestión de hacer una descripción, pero puedo asegurar que la ley no contempla que se adquiera yendo a los toros, ni llorando de emoción al paso de una procesión en semana santa, ni colocando un portal de belén en estas fechas navideñas. También establece el mismo artículo 11 en su párrafo segundo que "ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad". De tal manera que pueden estar tranquilos los españoles que no hayan visto una corrida de toros en su vida y aquellos que no sientan atracción alguna por las procesiones de semana santa o no instalen en su casa el típico portal navideño. Digo esto porque desde la derecha más rancia últimamente está calando en el ambiente una atmósfera como si la nacionalidad dependiera de determinadas aficiones que, al fin y al cabo, son materias que pertenecen a la intimidad de cada individuo sin que por ello, en este caso, nada tengan que ver con su condición de ser español. También dice, al respecto, la Constitución en su artículo 14 que ""los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". Tan español es un aficionado a los toros como el que prefiera ver una película del Oeste Americano. Y para completar el tema me queda por añadir, desde otro punto de vista, que la derecha no tiene la exclusiva sobre esas aficiones que se arroga como propias. Se puede ser socialista y aplaudir una faena maestra de José Tomás, de la misma manera que se puede ser comunista y cantar villancicos frente a un portal de Belén. Y como está demostrado, se puede ser de Podemos, alcalde de Cádiz y salir en penitencia con la Hermandad del Nazareno. Parece mentira que a los cuarenta años de vivir en democracia, con una Constitución que ha desechado cualquier vestigio de discriminación entre españoles, surjan voces de ultratumba dispuestas a medirnos el grado de españolidad entrometiéndose en nuestras aficiones personales. Ni puñetero caso, claro.

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